lunes, 23 de abril de 2012

LA INDIGNACIÓN DE LA UNIVERSIDAD


Desde 2010 la democracia en España (en Europa) está sufriendo un continuo ataque hasta el punto de era cada día más evidente su pérdida de calidad. La reforma de la Constitución en el verano de 2011 fue un hecho de extrema gravedad, pero desde que el PP, con medio millón de votos menos que el PSOE en 2008 logró  gracias a las maravillas de la ley electoral la mayoría absoluta en las cámaras, cada día vemos como el deterioro de nuestro sistema democrático nos acerca más a una oligarquía. Este fin de semana hemos tenido ocasión de ver dos graves muestras con las intervenciones por Decreto-Ley en Universidades y RTVE. Es necesario entrar el blog hermanoSegún Antonio Baylos para ilustrarse sobre estos hechos. Poco antes de lanzar el ataque a las Universidades en el BOE, como es habitual (mucho más cuando el Ministro del ramo se ganaba su buen sustento en el negocio de la manipulación de la opinión)  y como corresponde a la insensatez y falta de sentido de lo público que le caracteriza, este Gobierno lanzó una diatriba contra las Universidades a las que calificaba de escasa calidad aduciendo todo tipo de falsedades. Los rectores de las Universidades han publicado este manifiesto que aquí se ofrece, con la esperanza que la preocupación que dicen sentir de un paso más en la defensa de la institución.

Los rectores manifiestan su preocupación por las declaraciones del Ministro sobre el Sistema Universitario Español

El análisis de los datos disponibles, contrastados por diferentes organismos nacionales e internacionales, no permite compartir muchas de las afirmaciones, ni el diagnóstico, que se ha hecho del Sistema Universitario Español. Efectivamente, en España existe un claro desajuste entre recursos públicos empleados y resultados obtenidos en docencia, investigación y transferencia del conocimiento. Sin embargo, los resultados son proporcionalmente muy superiores al esfuerzo público realizado.

En docencia, el 79% de los estudiantes que inician sus estudios, finalizan con un título universitario, siendo la media en la OCDE del 70%. Además, en los últimos años se ha producido una clara mejoría del rendimiento académico, a raíz de la integración en el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), a pesar de haber realizado la adaptación con un esfuerzo inversor claramente inferior al de otros países.

En una situación de mercado mejor que la actual, el nivel de formación de los universitarios españoles ha demostrado claramente su adecuación. No parece, pues, correcto relacionar la preparación de los estudiantes y la eficacia de la Universidad con la falta de empleo, especialmente entre los jóvenes. En este sentido, la preparación académica de nuestros estudiantes es, en términos generales, claramente satisfactoria.
En investigación, entre 1997 y 2007, la producción científica española creció un 80%, hasta constituir el 3,4 % de la producción científica mundial, realizándose dos terceras partes de este porcentaje en las universidades. Este esfuerzo ha convertido a España en la novena potencia científica, y en la octava en publicaciones por habitante, con resultados similares a Japón. En este ámbito, una universidad española se sitúa entre el 1% que agrupa a las mejores universidades del mundo, ocho universidades dentro del 2%, 24 en el 4% y todas las públicas y tres privadas, en el 10%.

Es un resultado más que notable si consideramos que España sólo invierte en I+D+i un 1,39% de su PIB, muy lejos del 2,3% que es la media de la OCDE. Relacionando la producción científica por habitante con el porcentaje de gasto en I+D+i, resultamos ser uno de los cuatro sistemas más eficiente del mundo.

En transferencia, ciertamente España contribuye muy poco (0,8%) a las patentes mundiales. Sin embargo, el porcentaje de patentes que en España proviene del sector universitario, es el segundo más alto del mundo. En consecuencia, no parece correcto señalar el sistema universitario español como el principal responsable del bajo porcentaje de innovación de nuestro país.

Asimismo, cabe recordar que en los últimos años el Sistema Universitario Español ha estado sometido a importantes cambios para adaptarse al Espacio Europeo. Lo que las universidades necesitan actualmente es estabilidad normativa y una financiación acorde con las capacidades y necesidades del país. Por ello, es imprescindible un compromiso conjunto entre administraciones públicas y universidades.

Las universidades estamos y estaremos siempre al servicio de la sociedad, dispuestas a continuar trabajando en la adecuación del sistema a las necesidades de nuestro país, especialmente en estos momentos de crisis.

Conferencia de Rectores de Universidades Españolas

 Madrid, 17 de abril de 2012

viernes, 13 de abril de 2012

UN RIDÍCULO PATRIOTISMO

Escuchar lo que los medios de persuasión llaman noticias es cada día llevarse un disgusto en España, y en importante medida en casi toda Europa, pero lo que cuentan estos medios sobre el “conflicto” entre España y Argentina por causa de unos rumores sobre una posible nacionalización de la empresa YPF controlada en su mayoría por la española REPSOL, ya raya el absurdo y es un insulto a la inteligencia de l@s ciudadan@s. Si es cierto lo que dicen los medios, las gruesas declaraciones de ministros del gobierno del PP y de otros altos cargos son un despropósito. Son declaraciones más bien propias de tabernas entre parroquianos ya muy avinados o pasados por aguardiente, que se alejan de aquellas regidas por la prudencia que deberían ser las propias de los gestores de la cosa pública. El hecho de que este tipo de declaraciones y actitudes también se den en muchos otros países no exime del rotundo rechazo. Cuando se irrumpe en los medios de esta manera cabe pensar si no es fruto de un cálculo para desviar la atención de otros asuntos que realmente afectan a la mayoría de la población. Esto lleva una segunda cuestión cual es el disparate de identificar el interés común con el interés de una singular empresa, por muy grande que esta sea. Cuando un Gobierno se pone al servicio del interés privado está procediendo a degradar lo público para confundirlo con el interés de unos pocos. Esto no quiere decir que los Gobiernos deban desentenderse de la suerte de sus representados (en este caso los accionistas de Repsol y otros grupos de interés) pero dentro de la mesura y el respeto a puntos de vista de otras partes implicadas.


Ese respeto a otro punto de vista lleva a una consideración sobre el fondo del asunto. Parece que solo enunciar la palabra nacionalizar es hoy incurrir en anatema. Y sin embargo el periodo en el que se dio el gran salto en Europa para dejar atrás injusticias y pobreza de mucha de su población, los “años dorados” posteriores a la segunda guerra mundial en los que el crecimiento económico fue de la mano de una mayor redistribución de rentas y mayores avances en igualdad y en democracia, se hizo con una política muy intensa de nacionalizaciones, de fortalecimiento del sector público. La ofensiva neoliberal que se inició a finales de los años 70 se ha llevado por delante todo aquello y ahora la situación es la que es. No parece que sea un disparate el control por el poder público de todo aquello que condiciona de manera determinante la vida de los ciudadanos como la energía, las comunicaciones, el sistema financiero, la educación, la atención de la salud o la garantía de la subsistencia frente a los estados de necesidad. En todos esos supuestos y en otros más, la desigualdad entre el que ofrece la prestación y el que la necesita es tan grande que no es posible un acuerdo justo y por eso es bastante razonable que ciertos bienes deban estar fuera del comercio. Tal vez por este lado haya que buscar las razones de la virulencia de los medios de persuasión dominados por capitales oligárquicos. En todo este desdichado asunto es particularmente deplorable la llamada a las bajas pasiones que el patriotismo de pacotilla puede despertar entre partes implicadas. Oponerse a ese chabacano patriotismo es colocarse a un paso de ser reo de un delito de traición, pero afortunadamente en este caso no habría espacio suficiente por muy ancha que sea Castilla y mucho más la Patagonia, donde encerrar a tanto antipatriota. Para mucha gente se hace cada vez más evidente que, como alguien dijo, en estos casos el patriotismo es uno de los últimos reductos de los canallas.

Joaquín Aparicio Tovar