Fidel había pasado a la historia mucho
tiempo antes de este 25 de noviembre. Intentaron en numerosas ocasiones matarlo
usando los más diversos métodos y siempre fracasaron, pero eso no hubiese
sido posible sin la resistencia del pueblo cubano, que siempre quiso vivir en
paz y progreso, pero todavía hoy sigue sufriendo las consecuencias de un
bloqueo que insulta las más elementales reglas de la convivencia entre las
naciones. El triunfo de la revolución cubana enseñó que la utopía de un mundo
más justo y mejor no es una quimera.
domingo, 27 de noviembre de 2016
sábado, 26 de noviembre de 2016
Carta abierta a mi hermano de las Brigadas Internacionales
Marcos Ana ha muerto, pero su ejemplo sigue
vivo. Aquí reproducimos esta carta suya a los voluntarios de las Brigadas
Internacionales
Queridos
camaradas:
Me gustaría
escribiros a cada uno en vuestro propio idioma, o que todos
recordarais el español para poder expresaros más directamente el
cariño y la admiración que siento por vosotros. Los idiomas deberían ser
universales, como es el amor, la música o los grandes ideales. Sin embargo,
durante el homenaje de noviembre, siempre que nos encontramos, utilizamos un
idioma común a nuestros corazones, el idioma de la solidaridad humana, el
lenguaje diferente y único de las Brigadas Internacionales. Y basta mirarnos,
darnos un abrazo, para saber, sin decir una palabra, que somos
hermanos, ramas de un mismo tronco, hijos de una misma lucha por la libertad y
la dignidad humana. Esta admiración, que crece en mí cada día, viene desde muy
lejos, cuando mi juventud nacía y mi corazón era un adolescente
miliciano.
Y yo ya no
sé si admiro más en vosotros vuestra lucha heroica y romántica de ayer, cuando
veníais a ofrecernos la vida si era necesario, o el hecho ejemplar de no
haber dejado parados vuestro corazón y vuestra historia
en las páginas del pasado y, 60 años después, algunos ya encorvados por el peso
de la edad o de las enfermedades, continuar la lucha, con armas diferentes,
pero con los mismos ideales, sin cambiar vuestro corazón de sitio. Vuestra
consecuencia y lealtad es también un ejemplo para todos en este momento, cuando
los metafísicos de la desesperanza devalúan las ideas o van a la deriva ante
naufragios inesperados o decepciones personales o colectivas. Los
hombres pueden equivocarse, fracasar, incluso traicionarse a sí mismos, pero
las ideas permanecen, están por encima de las circunstancias. Y los nobles
ideales por los que vosotros luchasteis y muchos dieron su vida, seguirán
abriendo camino al porvenir y alcanzarán un día la victoria. Si no lo vemos
nosotros, lo verán nuestros hijos; pero es necesaria e inevitable, frente a
esta sociedad insolidaria, una nueva primavera del mundo.
España ha
demostrado una vez más que no os olvida. Y en tal medida que a todos nos
sorprendió la clamorosa bienvenida que recibisteis. En medio de ese clamor
popular y precisamente por eso no faltaron los que quisieron ignorarlo o
falsear vuestra historia. Todavía hay gentes que van con la Noche a cuestas,
vertiendo su oscuridad sobre toda la luz que nace, o permanece, como
la vuestra. Pero todos juntos no pesan lo que un minuto de vuestra vida, no
valen lo que una palabra vuestra y jamás tendrán la fuerza necesaria para
borraros de la historia, ni para arrancaros del corazón de nuestro pueblo.
Podéis
sentiros orgullosos de vosotros mismos. Habéis alcanzado la inmortalidad en la
memoria y en el corazón de las gentes. Lo más triste cuando se llega al
atardecer de la vida es mirar atrás y no haber dejado huellas de nuestro paso.
Pero vosotros habéis hecho camino, habéis dejado huellas imborrables en la
Historia. Vuestra palabra está poblada de voces universales, ocupáis grandes
espacios en la bibliografía mundial. Han cantado vuestra gesta los
poetas más grandes de nuestro tiempo, Alberti, Neruda, César Vallejo...
Fuisteis un ejemplo ayer, lo sois hoy y lo seguiréis siendo para las
generaciones venideras.
Bertold
Brecht escribió un poema que se hizo emblemático para todos nosotros:
Hay hombres
que luchan un año
y son
buenos.
Hay otros
que luchan muchos años
y son
mejores.
Pero hay
hombres que luchan siempre:
esos son
imprescindibles.
Y a esa clase de
hombres y mujeres que luchan toda su vida pertenecéis vosotros, los
brigadistas voluntarios de la libertad.
Quiero terminar
esta carta, queridos hermanos, deseándoos mucha salud. La salud es la base
material del revolucionario. Os pedimos que os cuidéis mucho. Apretad los puños
y el corazón para seguir viviendo. Resistid, que esa es vuestra profesión, a la
ofensiva de los años, de las enfermedades, de las frustraciones. Deseamos
seguir teniéndoos a nuestro lado mucho tiempo. Queremos cruzar juntos las
fronteras del año dos mil, para celebrar vuestro 65 aniversario en
el amanecer del siglo XXI. Con esa esperanza os abrazo.
Julio de 1997 [i]
martes, 15 de noviembre de 2016
ANTE LA NEGOCIACIÓN SOBRE LA NUEVA REFORMA DE PENSIONES
Como cigüeñas al campanario por San Blas,
vuelve con el nuevo-viejo Gobierno la reforma de las pensiones, o de algunas de
ellas. Esta vez la urgencia de la reforma que reclaman determinados agentes
económicos y sus intelectuales orgánicos tiene una base real de justificación
cual es el déficit de la Seguridad Social que se ha ido paliando con el Fondo
de Reserva, cosa que no es posible seguir haciendo, como es evidente. Ante la
negociación que se ha abierto en el marco del Pacto de Toledo, algunas
puntualizaciones parece conveniente hacer.
La primera es que todas las partes
presentes en las negociaciones, empezando por el Gobierno, están obligadas a
hacer una declaración pública, solemne, unánime e inequívoca de que las
pensiones se van a mantener porque se toman en serio el mandato del art. 41 de
la Constitución. Es, ni más ni menos, cumplir y hacer cumplir la Constitución y
dejar de usarla para tirársela a cabeza en los debates sobre la organización
territorial del Estado. La seguridad y tranquilidad de la población lo merecen
más que sobradamente.
La segunda es que como el problema del
déficit tiene su razón de ser en la caída de los ingresos del Sistema y no en
un exceso de gastos porque las pensiones ya han sido recortadas, entre otras
cosas, con el índice de revalorización que se introdujo en 2013 y más que lo
van a ser en el cálculo de su cuantía inicial cuando se aplique, si es que se
llega a ello, el factor de sostenibilidad, el objetivo de la reforma debe de
ser mejorar sus fuentes de financiación.
Si como es evidente, y todo el mundo no
puede sino estar de acuerdo, que la devaluación salarial, el desempleo, la
temporalidad de los contratos de trabajo y el contrato a tiempo parcial son una
de las razones de esa caída de ingresos, parece oportuno atajar ese mal, para
ello la primera medida ha de ser reforzar e incentivar la negociación
colectiva, en especial la de sector porque es la mejor garantía de la mejora
salarial de miles de trabajadoras y trabajadores de las pequeñas y medianas
empresas que son la mayoría del tejido productivo español. La rectificación de
la reforma laboral se impone y si el Gobierno y los partidos que lo sostienen
no lo hacen están con claridad siendo falsarios cuando pregonan que defienden
la Seguridad Social.
Pero para mejorar los ingresos del Sistema
también hay que eliminar medidas erróneas y contraproducentes que se han
aplicado en el pasado reciente, como las bonificaciones y, sobretodo, las
deducciones directas a los empresarios de su cuota por contingencias comunes.
Las llamadas tarifas planas no sirven para la creación de empleo de calidad,
pero si para drenar los recursos de la Seguridad Social.
Otro camino para mejorar los ingresos es
la eliminación del tope de cotización establecido hoy en 3.642 € brutos al mes.
Todo lo que supere esa cifra está exento de cotización a la Seguridad Social,
lo que es injusto porque quienes ganan menos son solidarios con el cien por
cien de sus ingresos y los mejor retribuidos lo son solo en parte. Una perversa
solidaridad inversa. No es argumento decir que también hay topes de prestación
porque, como es bien sabido, nuestro Sistema (como todo que merezca el nombre
de Seguridad Social) funciona con el sistema financiero de reparto, es decir,
no hay relación sinalagmática entre las cuotas y las prestaciones. Otra cosa es
que la prudencia aconseje revisar al alza los topes de prestación (que pueden
seguir existiendo) y ahí es donde hay que hacer finos cálculos actuariales.
Mejorar la calidad del empleo (por tanto
subidas salariales) y corregir los mecanismos que drenan las fuentes de
recursos al Sistema es una necesidad cuando se observa que según datos del INE
el salario medio bruto mensual en 2014 (son los datos que dispongo, pero no
debe haber cambiado mucho) era de 1.904,8 €, siendo el salario modal (esto es,
el más frecuente) 1.374,2 € y 1.605,3 € el mediano. Si tenemos en cuenta que el
INE para estos cálculos parte de los salarios percibidos por quienes están en
alta a la Seguridad Social al menos dos meses, hemos de concluir que las
remuneraciones de los asalariados en su conjunto son inferiores porque es bien
sabido que una cantidad enorme de los contratos tienen una duración inferior a dos
meses y que los trabajadores temporales y a tiempo parcial tienen salarios más
bajos.
La tercera tiene que ver con la
financiación de la Seguridad Social por transferencias desde el Estado, esto
es, por impuestos. Se está hablando de financiar ya las prestaciones de
viudedad por esta vía. Hoy por hoy aproximadamente el 83 por ciento de los
recursos del Sistema provienen de las cotizaciones sobre salarios. No parece
descabellado reducir esa proporción aumentando la vía impositiva en un mundo en
el que nos están diciendo que la robótica y las nuevas tecnologías nos llevan a
una cuarta revolución industrial en donde la producción de bienes y servicios
precisará menos trabajadores pero aumentará los beneficios empresariales.
Permanecer en la jaula de la llamada contributividad lleva indefectiblemente a
la reducción de las prestaciones en clara oposición a la suficiencia de las
mismas que manda la Constitución. Pero este es un debate que hay que hacerlo
con tranquilidad y calma, mientras que ahora es urgente allegar recursos al
Sistema. Conviene recordar que el art. 109 del texto refundido de la Ley
General de la Seguridad Social dice que las prestaciones a las que llama
contributivas se financiarán “básicamente” con cotizaciones sociales, pero no
cierra la vía para la financiación por impuestos, que pueden ser finalistas
para evitar un uso imprudente de la discrecionalidad por el legislativo. Ese
debate no debe de ser reservado a “los expertos”, es algo que concierne a toda
la sociedad y en especial a los trabajadores, por eso no estaría de más que los
sindicatos tuvieran en perspectiva un referéndum sobre esta materia, como
autorizadas voces ya han sugerido.
sábado, 22 de octubre de 2016
Sobre los efectos del capital globalizado en las relaciones de trabajo
La editorial Bomarzo acaba de publicar un
libro de la Dra. Teresa Nahas con el titulo Reflexiones sobre
los efectos del capital globalizado en las relaciones de trabajo, que lleva
un prólogo de Joaquín Aparicio
Tovar que parcialmente se reproduce aquí. Con su publicación queremos animar a
leer tan interesante libro.
En 1975 el escritor británico John Berger
y el fotógrafo suizo Jean Mohr publicaron un libro sobre la emigración en
Europa, con el objetivo de mostrar que las economías de los países ricos dependían
de la mano de obra de naciones más pobres, aunque el libro es mucho más que
eso. En ese libro, titulado Un séptimo hombre, puede leerse
que “para el capitalismo no es concebible que el subdesarrollo pueda ser una
situación de pobreza insuperable, de la que no se pueda salir. Y, sin embargo,
el capitalismo mantiene a casi la mitad del mundo precisamente en esa
situación. Esta contradicción entre la teoría y la práctica es una de las
razones por las que el capitalismo y sus instituciones culturales ya no son
capaces de explicarse a sí mismos ni de explicar el mundo”. En los ya bastantes
años que desde entonces han pasado han tenido lugar importantes
transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales, sin embargo,
como reconoce John Berger en un prólogo a una nueva edición en 2002, el
libro no ha dejado de ser de actualidad. Es más, “es hoy más incisivo, más
apasionado y más conmovedor que cuando se publicó la primera vez”. Esas mismas
palabras son plenamente válidas hoy. Probablemente ello se debe a que, a pesar
de las crisis, no solo no han cesado los movimientos migratorios hacia Europa,
así como hacia otros lugares del planeta considerados “primer mundo”, sino que
han tomado una dimensión mucho mayor en todos los sentidos que han dejado
pequeño el secular desgarro que toda emigración conlleva. Hoy los movimientos
de personas que buscan una vida mejor tienen un dramatismo tal que han
convertido al Mediterráneo, cantado por Homero como el “mar color de vino”, en
una enorme fosa común de miles de ignotas personas que no pudieron alcanzar la
tierra en la esperaban realizar sus aspiraciones de dejar atrás la pobreza o la
guerra o las persecuciones religiosas, políticas, raciales o de origen sexual.
El capitalismo “realmente existente” de
nuestros días ha acentuado su fracaso y ahora condena a la pobreza, a la
exclusión social, no solo a una parte importante de poblaciones de los países
eufemísticamente llamados “en vías de desarrollo” (un desarrollo que nunca
llega), sino también a una parte cada vez más amplia de la clase
trabajadora de los mismos países hegemónicos con un aumento exponencial de la
desigualdad. El informe Oxfam de enero de 2016, Una economía al
servicio del 1%, citando fuentes de Credit Suisse, revela que el 1% de la
población mundial más rica acumula más riqueza que el 99% restante, así mismo
pone de manifiesto que “en 2015, sólo 62 personas poseían la misma riqueza que
3.600 millones (la mitad más pobre de la humanidad). No hace mucho, en 2010,
eran 388 personas. La riqueza en manos de las 62 personas más ricas del mundo
se ha incrementado en un 44% en apenas cinco años, algo más de medio billón de
dólares (542.000 millones) desde 2010, hasta alcanzar 1,76 billones de dólares.
Mientras tanto, la riqueza en manos de la mitad más pobre de la población se
redujo en más de un billón de dólares en el mismo periodo, un desplome del 41%.
Desde el inicio del presente siglo, la mitad más pobre de la población mundial
sólo ha recibido el 1% del incremento total de la riqueza mundial, mientras que
el 50% de esa “nueva riqueza” ha ido a parar a los bolsillos del 1% más rico.
Los ingresos medios anuales del 10% más pobre de la población mundial, en
quienes se concentran pobreza, hambre y exclusión, han aumentado menos de tres
dólares al año en casi un cuarto de siglo. Sus ingresos diarios han aumentado
menos de un centavo al año”.
Estos datos muestran que el siglo XXI ha
empezado mal y las cosas no van camino de mejorar, más bien al contrario. Si al
aumento descarnado de la pobreza le sumamos las guerras y otras persecuciones
de grupos de poblaciones, es inevitable que los flujos migratorios alcancen en
el futuro una dimensión todavía mayor de la actual.
Todo esto se ha producido en un tiempo en
el que se ha acelerado la circulación a escala planetaria de mercancías, de
capitales, de servicios y se ha hecho posible la difusión masiva y rápida de
formas culturales, generalmente nacidas en los países metropolitanos, merced a
las nuevas tecnologías de la comunicación que no escapan al control de
minoritarios grupos económicos. El capital financiero ha dominado a la economía
mundial cada vez más controlada por una business community que
erosiona la soberanía y autonomía de los Estados-nación. Es lo que de modo
resumido se suele denominar “globalización”.
La preocupación ante este estado de cosas
movió, o tal vez conmovió, a la doctora Thereza Nahas, desde su sensibilidad de
jueza de los social de Sao Paulo, a enfrentarse a ellas para preguntarse cual
debe ser el fin de las normas sociales, para preguntarse si hoy sigue siendo
válida la aspiración a la justicia social universal como base de la paz mundial
que en su Constitución preconiza la Organización Internacional del Trabajo.
Para ello acomete un riguroso estudio que parte, como no podía ser de otro
modo, de un análisis de la globalización en el que constata cómo mientras el
capital se mueve prácticamente sin los obstáculos de las fronteras, para los
trabajadores, en cambio, estas se levantan muchas veces como muros
infranqueables, con la consecuencia adicional de que, en ese movimiento a
escala planetaria, el capital juega con una especie de “mercado” jurídico para
tener en cuenta en la elección de los países destinarios de inversiones
aquellos en los que los ordenamientos jurídico-laborales sean más complacientes
con los empresarios en una especie de subasta a la baja de las garantías de los
derechos de los trabajadores. El Doing Business del Banco
Mundial ha sido un buen y vergonzante ejemplo de ello. Pero si esto ha de
ser así, la doctora Nahas pone claro que nuestro sistema democrático y
civilizatorio empieza a tener serias quiebras porque si se reducen las normas
laborales a que sean eficientes para la actividad económica pierden todo su
sentido, que no es otro que buscar una aceptable igualdad entre partes social y
económicamente desiguales (trabajador y empresario). Se ha producido entonces
un desequilibrio excesivo en favor de la parte más poderosa de la relación de
trabajo y se pone en evidencia el “mito de la globalización” como generadora de
riqueza y bienestar.
No se trata de que en un mercado mundial
de trabajo, que cómo se acaba de decir, la existencia de fronteras para los
trabajadores demuestra que no es tal, los trabajadores más cualificados en el
dominio de las nuevas tecnologías serán los ganadores frente a los perdedores,
los poco cualificados que por efecto de la deslocalización productiva van a
permanecer en los países subdesarrollados. El profundo y muy interesante
estudio que lleva a cabo sobre los trabajadores fronterizos, los migrantes y
los desplazados con ocasión de una prestación de servicios muestra que la
mayoría de los trabajadores pierde y para ello trae a colación el Tratado de
Libre Comercio de América del Norte entre México, Estados Unidos y Canadá.
Pero en una investigación de este tipo era
obligado estudiar los fenómenos de integración regional que en el mundo se han
producido, en concreto el MERCOSUR y, sobretodo, la Unión Europea, a la que
dedica especial atención por ser el ejemplo más avanzado de integración que
puede encontrarse, lo que es muy meritorio para una investigadora brasileña no
habituada a las categorías, con frecuencia abstrusas, de su derecho y sus
relaciones con los ordenamientos jurídicos de los Estados miembros. La Unión
Europea es una creación excepcional de un momento histórico preciso, como
señaló el gran historiador Eric Hobsbawm, que tenía el impulso ético de
alcanzar la paz entre los Estados europeos, secularmente desgarrados por
guerras entre ellos, y por alcanzar paz social en el interior de cada uno de
esos Estados mediante el reconocimiento de derechos sociales, cosa que se
plasmó en las constituciones que reconocen el Estado Social y Democrático de
Derecho como una superación de las muy imperfectas democracias liberales. El
desarrollo económico que la integración debería de traer, que es básicamente
competencia de las instituciones supranacionales, no debería arrumbar los
derechos sociales, más bien garantizados en las constituciones nacionales, pero
al basarse la Unión las cuatro libertades fundamentales de libre circulación de
mercancías, libre circulación de capitales, libre circulación de personas, es
decir de trabajadores, y libre prestación de servicios y establecimiento, no
cabe duda que la tensión entre lo económico (más bien anclado en el espacio
supranacional) y lo social (más bien anclado en el espacio nacional) ha estado
siempre latente. El embate de la globalización neoliberal y su influencia
ideológica en los gobiernos de los Estados miembros, además de la ampliación a
partir de 2004 a los países del Este de Europa, una vez en la órbita del
“socialismo realmente existente”, ha roto el delicado e inestable equilibrio,
que con sus altibajos, se había mantenido hasta el inicio del nuevo siglo. En
concreto, la libre prestación de servicios y establecimiento está chocando con
la garantía de derechos sociales y está empezando a provocar un social
dumping entre los Estados europeos al permitir cierta jurisprudencia
del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (casosViking, Laval, Rüffert,
entre otros) la aplicación de la ley del país de origen a los trabajadores
desplazados temporalmente con ocasión de una prestación de servicios. Eso ha
sido posible porque la relativa, aún con sus excepciones, homogeneidad entre
los ordenamientos jurídico-laborales de los Estados que existía antes de la
ampliación de 2004 se ha roto, a lo que hay que añadir el uso ( mejor abuso) de
las técnicas de descentralización productiva por parte de las empresas. El
Tribunal de Justicia, frente la jurisprudencia de los años noventa, ha relajado
considerablemente la protección de los derechos de los trabajadores y la
prohibición del social dumping como una exigencia imperativa
de interés general limitadora de la libertad de prestación de servicios. Pero
nada está escrito en piedra para que perdure eternamente, como la STJUE en el
caso Ammattiliito permite atisbar.
El estudio de las tensiones en el derecho
de la Unión Europea entre la libre prestación de servicios y la protección de
los derechos de los trabajadores le ha llevado a la doctora Nahas, en un
magnifico ejemplo de coherencia, a estudiar estos problemas más allá de sus
fronteras, en concreto, a estudiar la influencia sobre los derechos sociales de
la actividad de la Organización Mundial del Comercio, que tiene como objetivo
la liberalización del comercio mundial y, más en concreto, el Acuerdo General
del Comercio de Servicios, que en su modo 4 se refiere, precisamente, a los
servicios que exigen para su prestación desplazamientos de trabajadores. Es
crítica con la dirección que va tomando la liberalización del comercio basada
en el dogma, que la experiencia evidencia falso y el citado informe Oxfam
demuestra, de que la eliminación de reglas (incluidas las del trabajo) trae
mayor riqueza para todos, al contrario, considera que “pese a que la fuerza de
trabajo integra la organización empresarial en ningún momento los planes
económicos se han preocupado de proteger a los trabajadores de las
consecuencias del capital globalizado” por lo que quedan expuestos a poderes
muy superiores y fuera de su control.
El Acuerdo Transpacifico de Cooperación
Económica (TPP en sus siglas en inglés) y el Transatlantic Trade and Investment
Partnership que se está negociando casi en secreto por la Comisión Europea y los
Estados Unidos merecen atención de la Dra. Nahas. Sobre ellos no puede sino
llegar a conclusiones muy críticas pues la experiencia del TPP muestra que la
desigualdad en países como México o Perú lejos de disminuir aumentó. Las
previsiones, que por lo que se ha sabido, se pretende hace el TTIP sobre las
demandas ante tribunales de arbitraje que pueden hacer las empresas
transnacionales contra los Estados huyendo de la jurisdicción de los tribunales
ordinarios, así como la llamada “cooperación regulatoria” entiende que no harán
sino empeorar los estándares de protección de los derechos sociales.
Después de este recorrido por tan
complejos problemas podría pensarse que la respuesta a aquellos interrogantes
sobre si en este mundo global hay un espacio para las normas sociales que
ofrezcan tutela para conseguir mayores cotas de justicia social podría ser
negativa o pesimista y, sin duda, la Dra. Nahas no niega la evidencia que
apunta en ese sentido, pero su trabajo tiene mucho de denuncia y de apuesta por
una reconstrucción del Estado Social y Democrático sobre nuevas bases que no
sean las de la globalización neoliberal. Una reconstrucción enmarcada en una
mayor implicación con la construcción de un orden supranacional que tenga como
punto de referencia un renovado papel de los Convenios de la OIT para que el
trabajo humano deje de ser efectivamente tratado como una mercancía. No parece
que, por el momento, las cosas vayan en esa dirección pues, al contrario, los
Gobiernos, con demasiada frecuencia, se comportan como fieles servidores de los
grandes poderes económico-financieros privados, según estamos viendo en la
reciente evolución en Europa y América Latina, pero el futuro no está
escrito.
lunes, 17 de octubre de 2016
CETA, TTIP, TiSA: NO ES EL COMERCIO, ES UN NUEVO ORDEN GLOBAL DE PODER.
Cada día que pasa se va viendo con más
claridad que los “Tratados comerciales de nueva generación” no tienen como
objetivo primordial favorecer del desarrollo del libre comercio en el planeta
eliminando o reduciendo los aranceles, su objetivo es consolidar un poder de
las grandes corporaciones inmune a los límites que las instituciones
democráticas pueden establecer en beneficio de los intereses de la mayoría de
la población. Con esos tratados quieren establecer una garantía jurídica para
situarse al margen de las eventuales reglas que puedan dictar los
representantes de la soberanía popular. Una primera muestra de lo cierto de
esta aseveración es que el CETA, el TTIP y el TiSA están siguiendo una
tramitación opaca, sin apenas control de los miembros del Parlamento Europeo y
de los Parlamentos nacionales. La diplomacia secreta se impone a la democracia
abierta.
Las primeras defensas de estos tratados
decían que la eliminación de aranceles favorecería el comercio y con ello
vendría un aumento de la riqueza que se traduciría en muchos empleos, pero,
como tantas otras “demostraciones científicas” de la vulgata neoliberal, solo
se trata de que la gente haga un ejercicio de fe, a pesar de que las
experiencias hasta ahora conocidas, como el Tratado de Libre Comercio entre
México, Estados Unidos y Canadá, muestran que ni aumentó el empleo, ni
mejoraron los estándares de protección del trabajo, ni de la salud pero, eso
si, aumentó la desigualdad.
Vistas las inconsistencias de la
argumentación de los aranceles, entre otras cosas porque ya son muy bajos o
casi inexistentes para multitud de productos y servicios, se pasó a otra
argumentación cual es la de unificación y simplificación de las reglas. Se dice
que en Europa hay un exceso de regulación que opera en la práctica de forma más
dura y obstaculizadora del comercio que los aranceles. Entre esas reglas están
las que afectan tanto a la producción o como a la distribución y tratan (al
menos nominalmente) de proteger a la perdona que trabaja (la legislación
laboral), la salud pública mediante exigencias de seguridad en los productos de
alimentación (lo que incluye a los agroalimentarios) y farmacéuticos, las que
regulan el acceso a las profesiones con especial impacto social (titulaciones),
las que se refieren a los servicios de atención sanitaria, las que protegen el
medio ambiente, y así tantas. Lo que se pretende en estos tratados es que los
operadores económicos actúen lo más alejados y más libremente posible de la
intervención y un control público en defensa de lo común. El TTIP llega al
extremo de crear la figura de la cooperación regulatoria que no es más que dar
entrada legal en el proceso de elaboración de las normas de la Unión Europea a
un organismo formado por representantes de las corporaciones transnacionales y
de la burocracia de Bruselas a lo que se añade que crean mecanismos de
arbitraje, al margen de la jurisdicción de los Estados de Derecho, para
resolver las controversias entre las empresas y los Estados cuando aquellas
consideren que se han dañado sus expectativas de negocio por normas tales como
un convenio colectivo que ha aumentado los salarios en un sector.
El siguiente paso que han dado los
defensores de estos tratados es mantener que en realidad de lo que se trata es
de un problema de geoestrategia. América del Norte (con exclusión de México)
debe aliarse con la Unión Europea para contrarrestar a China y otros países
asiáticos, pero esa alianza tiene que adoptar las reglas que nos imponga la businesscommunity en un fundamentalismo
del mercado.
Pero después de todo ¿dónde quedamos
los ciudadanos? ¿quién va a defender nuestra salud, nuestra educación, como
bienes extracomercio? ¿dónde quedan los valores democráticos? La respuesta a
estas preguntas dependerá de lo que la ciudadanía sea capaz de hacer para
defender directamente, como hizo el sábado pasado en las calles, lo que es
común. Este gobierno en funciones cometió el viernes una tropelía más al
autorizar la firma del CETA en clara violación de la Ley 50/1997, del Gobierno,
deslegitimándose más aún al actuar de modo servil a favor de los intereses de
una oligarquía transnacional ante la que sacrifica las reglas, los
procedimientos y los valores democráticos.
lunes, 10 de octubre de 2016
UNA BUENA NOTICIA: EL CAFÉ COMERCIAL REABRIRÁ SUS PUERTAS
Una ciudad debe ser un lugar en el que los
seres humanos puedan desarrollar su esencial sociabilidad de un modo libre,
igualitario y fraterno. Para ello no solo son necesarios los edificios que dan
cobijo (cuanto más bellos mejor) y los servicios que cubren otras necesidades,
sino también los rincones, los espacios de encuentros en los que se van
tejiendo afectos y vivencias compartidas que acaban construyendo la propia
identidad. En nuestra cultura, cafés, tabernas y bares juegan un papel esencial
en la sociabilidad y algunos de ellos alcanzan una relevancia especial hasta el
punto que llegan a convertirse en seña de identidad de la ciudad y espacio
común de muchos de sus ciudadanos.
El Café Comercial de
Madrid era uno de esos espacios y bruscamente cerró sus puertas a finales de
julio de 2015 dejando desamparados sus fieles adeptos. Aquel triste suceso
empujó a uno de los corresponsales en Madrid de Radio
Parapanda a escribir en los primeros días de agosto
una nota que acababa de este modo: “Un lugar así no debe desaparecer.
Siempre habrá soluciones jurídico-económicas si hay voluntad de encontrarlas.
Otras ciudades ofrecen al viajero buenas practicas ante situaciones similares.
La calvinista Ginebra no permitió que un histórico restaurante de la parte vieja
de la ciudad acabase convertido en un Starbuck Caffe. En Bolonia la roja, la
Osteria del Sole, que se dice ya existía en 1530, amparo y refugio de bebedores
de vino y donde no se expende Coca-Cola ni brebaje similar, para gran alegría
de la población propia y ajena, fue reabierta intacta tras un cierre temporal,
que amenazó ser definitivo. En la reapertura hubo una decisiva mediación de las
autoridades municipales y de la Caja de Ahorros de la región. La nacionalizada
Bankia, antes Caja Madrid, lavaría muchas de sus culpas pasadas si siguiese el
ejemplo de su colega boloñesa implicándose para mantener vivo el Comercial. El
Ayuntamiento de Madrid seguro que también tendrá algo que decir y hacer ante el
clamor público interclasista de que el Café Comercial no debe ser
cerrado.” Pues bien, no nos consta que la nacionalizada Bankia haya tomado cartas en el asunto, pero
sí el Ayuntamiento que procedió a declarar este Café como Bien de Interés
Cultural con el máximo grado de protección que implica que cualquier uso del
local tiene que respetar todos sus elementos, desde las sillas a las lámparas.
Una gran lección de cómo defender el patrimonio cultural común de la
ciudadanía. Pues bien, este corresponsal ha recibido la noticia fidedigna
de que el próximo invierno el histórico Comercial reabrirá sus puertas de la
mano de un pequeño grupo de entusiastas empresarios de la hostelería del barrio
de Malasaña que ya han salvado una vieja taberna del barrio fundada en 1920,
que cerró en 2015 para ser reabierta como Casa Macareno tras una esmerada
restauración que ha dado nueva vida a los preciosos azulejos que la adornan.
La protección municipal y propio deseo
de los nuevos gestores de conservar y dar nuevo esplendor al Café Comercial le
auguran una nueva y esplendida etapa en la que no faltarán sus cafés y
chocolates con churros, pero se añadirán magníficos platos de la cocina
tradicional madrileña. El nuevo Comercial se ha propuesto conseguir el mejor
cocido de todo Madrid. Para comprobar si logran este reto allí acudiremos a
disfrutarlo y con su ayuda y la de un buen morapio, que de seguro no
faltará, nos enfrentaremos alegres a los rigores del invierno.
jueves, 22 de septiembre de 2016
DE LA BANALIZACIÓN DE LA CAUSA DE DESPIDO AL CONTRATO ÚNICO.
Con ocasión de la publicación de la STJUE de 14 de
septiembre de 2016, de Diego Porras, (asunto C-596/14) algunos
autores han argumentado que puede haberse abierto un camino para el contrato
único y señalados exponentes políticos de la familia neoliberal han arrimado el
ascua a su sardina del tan mentado contrato. La razón alegada es que el TJUE ha
declarado que el art. 49.1 c) ET, que deja sin indemnización a los contratos de
interinidad, es contrario a la cláusula 4 del Acuerdo Marco de la CES, la UNICE
y el CEEP sobre el trabajo de duración determinada, incorporado a la Directiva
1999/70/CE, de 28 de junio de 1999. La consecuencia de esa decisión del
Tribunal de Luxemburgo es que se iguala la indemnización del contrato de
interinidad (por extensión todos los temporales, excepto, parecería,
los formativos porque su naturaleza sería una causa objetiva para la diferencia
de trato) con la de los indefinidos. Esa indemnización tendría que ser la del
art. 53.1 b) ET, es decir, 20 días de salario por año de servicio, si el
despido no ha sido declarado disciplinario improcedente.
No se ve bien de donde sale que la igualación de la indemnización entre
contratos temporales e indefinidos abre el camino hacia el contrato único. Hay
que recordar que en España el despido es la extinción del contrato llevada a
cabo por voluntad unilateral del empresario. Pero esa voluntad, que es el
detonante del despido, necesita una causa que la justifique. No
existe el despido sin causa, ni la causa opera de modo automático, tiene que
ser alegada por el empresario. Así está establecido en el art. 30 de la Carta
de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, en el art. 35 de nuestra
Constitución según firme interpretación del Tribunal Constitucional, en el
Convenio 158 de la OIT, ratificado por España, el art. 24 de la Parte I de la
Carta Social Europea, también ratificada por España y en el Estatuto de los
Trabajadores. La esencia del llamado contrato único está en que el despido sea
posible por la libre voluntad del empresario sin alegación de causa, a cambio
de dar una indemnización, con la salvedad, es obvio, de no incurrir en
discriminación prohibida. Ese constructo, hay que insistir, es contrario a la
abrumadora legislación aplicable. Tampoco es posible la igualación por abajo de
las indemnizaciones para evitar la tacha de discriminación, ni mucho menos ese
contrato único, aún con indemnización creciente, porque la cláusula 8ª, nº 3,
del Acuerdo Marco a que se ha hecho referencia establece que: “La aplicación
de las disposiciones del presente Acuerdo no podrá constituir una justificación
válida para la reducción del nivel general de protección de los trabajadores en
el ámbito cubierto por el presente Acuerdo.” Lo que muy lícitamente
puede entenderse como una prohibición de la regresividad.
La existencia de contratos por tiempo determinado
puede estar perfectamente justificada y cuando sobreviene la fecha que se pactó
para su duración, ese hecho es la causa de justificación de la voluntad
empresarial de despedir, de tal modo que si el empresario no procede al despido
(por las razones que sean) la relación laboral continúa. El despido en España,
como es bien conocido, precisa de tres elementos: Causa que legitime la
voluntad extintiva del empresario; forma en que se expresa esa voluntad
(escrita) y derecho del trabajador a una revisión de esa decisión ante un
tercero neutral, normalmente ante la jurisdicción social. Lo que ocurre es que
desde hace ya algunos años se está procediendo a una banalización de la
exigencia de la causa por parte de los tribunales, en especial en los despidos
disciplinarios, a la que el legislador (hay que recordar los
desaparecidos despidos express ) y toda una ideología pro
empresarial ha contribuido en importante medida. Si hay una indemnización
parece que se relaja el escrutinio judicial para comprobar si hay una
suficiencia de la causa para despedir. Puede decirse que de los polvos de la
banalización de la causa vienen los lodos del contrato único.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




