lunes, 9 de enero de 2017

LOS ASESINOS DE ATOCHA Y EL FASCISMO ETERNO QUE ANIDA EN EL PP



Umberto Eco, en un memorable ensayo titulado El fascismo eterno[1], escribió: “si bien los regímenes políticos pueden ser derrocados, y las ideologías criticadas y deslegitimadas, detrás de un régimen y su ideología hay siempre un modo de pensar y de sentir, una serie de atributos culturales, una nebulosa de instintos oscuros y de insondables pulsiones”. “Los hábitos lingüísticos, añade, son con frecuencia síntomas importantes de sentimientos no expresados” . La nebulosa de instintos oscuros y de atributos culturales que nutría al franquismo está enquistada en las entrañas del PP y de continuo se manifiesta en las actuaciones tanto de sus altos dirigentes como de modestos cargos o simples afiliados. La mentira como práctica sistemática de la acción política, la defensa a ultranza de “los suyos”, ya sean un rector plagiador, un corrupto, un militar acosador o un ministro cuya incompetente actuación lleva a la muerte a un elevado número de militares, y la negación de los crímenes del franquismo para “no reabrir heridas” son solo algunos ejemplos de ello.

El franquismo fue un régimen que se asentó, tal y como los militares golpistas del 1936 tenían planeado, sobre el terror y la violencia extrema, de tal modo que socializó el miedo en toda España. Pero esa violencia no acabó en 1975 con la muerte del dictador, sino que durante todo el periodo de la transición pistoleros fascistas, apoyados por algunos aparatos del Estado y fuerzas económicas y políticas reaccionarias, siguieron sembrando el terror. María Luz Nájera, Arturo Ruiz, Yolanda González, fueron victimas, entre tantas otras, de aquellos desalmados por luchar en pos de las libertades y la igualdad. Entre aquellas victimas están los abogados de Atocha asesinados un 24 de enero hace 40 años. Eran militantes de Comisiones Obreras y del PCE, las organizaciones más importantes en la lucha contra la dictadora franquista y por los derechos de los trabajadores y por ello su asesinato. No se esclarecieron nunca las conexiones de los asesinos con las tramas del terrorismo fascista internacional ni con los poderes facticos españoles. Alguno de ellos, Lerdo de Tejada, de familia acomodada, merced a un permiso del juez de vigilancia penitenciaria huyó al extranjero y no compareció en el juicio.

La memoria de este crimen sigue siendo incómoda para el PP. Según ha dado cuenta Antonio Baylos (http://baylos.blogspot.com.es/2017/01/herir-sensibilidades-sobre-los-abogados.html) y ha comentado Paco Rodríguez de Lecea,  (http://vamosapollas.blogspot.com.es/2017/01/atentados-contra-la-convivencia.html) hace pocos días el alcalde de esa formación política del pueblo conquense de Casasimarro, del que era natural Ángel Rodríguez Leal, asesinado en el despacho de Atocha dos días antes de que cumpliese 26 años, ha prohibido la colocación de una placa en su recuerdo alegando que debe permanecer imparcial para “no herir sensibilidades”. Es decir, para no herir la sensibilidad de los que están con los asesinos pone en el mismo nivel a asesinos y a asesinados. Tiene razón López Bulla cuando dice que este no es un episodio montaraz de “cosas de pueblo”, sino “aplicación (y su justificación vergonzante) de toda una serie de prácticas políticas que se desprenden, directa u oblicuamente, de las decisiones de las alturas del Partido Popular y de las covachuelas gubernamentales” (lopezbulla.blogspot.com/2017/01/ese-alcalde-costra-de-casasimarro.html). En el PP conviven claras manifestaciones de rancio franquismo, como se ha visto recientemente con las distinciones que la Fundación Francisco Franco ha dado a señalados miembros de ese partido y estos las han aceptado orgullosos (por cierto, ¿cómo es posible que en un país que se llame democrático esté legalizada una fundación que exalta a un dictador genocida?), con las más extendidas de lo que Eco llama fascismo difuminado. El fascismo difuminado no apela algunas de las formas clásicasdel fascismo (uniformes, campos de concentración) pero mantiene su esencia, como el machismo, el control de medios de comunicación, el uso de una neolengua, el desprecio de los débiles endulzado con la caridad, la guerra permanente frente a supuestos enemigos internos y externos, el miedo de la diferencia ola xenofobia,pero todo ello a través de hábitos aparentemente más inocentes. No olvidar los asesinatos de los luchadores por la libertad, honrar su memoria y condenar a sus asesinos es una necesidad de luchar contra el fascismo en todas sus formas y  afirmar la democracia, que no es algo dado en un momento para siempre, sino que se defiende y construye día a día. Lo que ha hecho el alcalde de Casasimarro es tanto como decir que los asesinos podrían, llegado el caso, volver a hacer las mismas tropelías y,  por lo tanto, ese alcalde y todos los que como el piensan no son dignos de ocupar un cargo público.





[1] Cfr. Cinquescrittimorali, Bompiani, Milano, 1997. 

miércoles, 14 de diciembre de 2016

EL FONDO MONETARIO INTERNACIONAL: VUELVE LA BURRA AL TRIGO



Si no fuera porque es dramático, lo del FMI sería para partirse de risa. Llevan años suministrando a los países las mismas recetas, con el mismo resultado siempre: no curan la enfermedad, sino que la agravan, arruinan los países dejando a la mayoría de la población en la miseria y a una minoría enriquecida, pero ellos o ellas, que para el caso es lo mismo, siguen a lo suyo, siempre con lo mismo, para eso trabajan para esa minoría. Si a un arquitecto se le cayesen varios edificios uno tras otro, nadie le volvería a encargar el siguiente, pero eso no rige para l@s ecomist@s del FMI y los de su cuerda. Ahora están en España pontificando. Lo primero que llama la atención es que han empezado su perorata de ayer con un sarta de elogios a lo hecho por el inicuo Gobierno de la corrupción. Parecen el mismito Aznar de “España va bien”. Ya en el pasado recomendaron el desmantelamiento del Derecho del Trabajo, y Rajoy lo hizo en 2012, recomendaron  un tajo en las pensiones, recortes en sanidad, educación y servicios sociales, y Rajoy los llevó a cabo, recomendaron subir impuestos indirectos, que son los más injustos que hay, y reducir la presión de los directos que permiten una mayor progresividad como quiere la Constitución. “¿La Constitución? ¿quién es esa señora?” Dirán l@s agentes del FMI. Pues nada, se hizo.

Pero el gran problema de esta gente es que es insaciable, nada es bastante. Es como los tóxicodependientes con su droga. Ahora vuelve la burra al trigo, como dicen en la Mancha, con más de lo mismo y, encima, con un metalenguaje que pretende ocultar lo que realmente proponen, que si fuera tan bueno, no lo emplearían y hablarían con claridad. Ahora dicen que hay que dar seguridad jurídica y administrativa en el despido, pero vamos a ver, ¿no quedamos que la administración funciona con sujeción a la ley y al derecho? ¿o es que lo administrativo para esta gente campa fuera de lo jurídico? ¡Ay si el maestro García de Enterría levantase la cabeza! Pero, bueno, vendrán a decirnos que todo eso son monsergas de esa desconocida señora llamada Constitución. ¿Qué es dar seguridad jurídica en el despido? Pues ya sabemos de que pata cojean, lo que quieren es que los jueces no revisen las decisiones de despedir del empresario, que para eso es el que sabe mejor que nadie cómo cuidar sus intereses, que son los mismos que los de su empresa. Piden también más recortes en sanidad y educación en nombre de equilibrios macroeconómicos. Señores y señoras del FMI, hablen bien en roman paladino que así nos enteraremos todos, no sea que algunos malpensados digan que hablan así porque la gente se enfadaría con ustedes si dijeran las cosas claras. Como siempre está el comportamiento bochornoso de los medios dominantes, que tienen el triste papel de transformar la noticia por la propaganda. 


Pedir prudencia a la gente del FMI es predicar en el desierto. Cuando el Congreso está debatiendo sobre la derogación de aspectos importantes de la contrareforma laboral, podían haber esperado un poco para pronunciarse, sería lo respetuoso con las formas democráticas, pero para ellos la democracia es un estorbo, solo vale aquella democracia en la que se vota lo “correcto”, que ya se encargan con los medios de persuasión de dejarlo bien claro a la gente.  Si por un casual el dictamen de las urnas va en dirección contraria a sus recetas, entonces se ignora, como acaba de ocurrir ahora cuando la gran mayoría de los representantes del pueblo se han pronunciado por derogar aspectos importantes de la reforma contralaboral del PP. Pero ellos a lo suyo, vuelta la burra al trigo para irritación del pobre labrador que vive de su cosecha. 



domingo, 4 de diciembre de 2016

SOBRE EL REFERENDUM ITALIANO Y SU INFORMACIÓN.




Hoy, domingo 4 de diciembre se está celebrando un referéndum en Italia en el que los votantes han de pronunciarse sobre importantes reformas de la Constitución. El primer ministro, Renzi, que impulsa esas reformas, ha dicho que dimitirá si vence el NO. Los medios de comunicación informan que las encuestas apuntan a una victoria del NO, en una estrategia (según autorizadas opiniones) para que salga el SI, que es lo más probable que al final ocurra. 

Los medios de comunicación españoles dominantes afirman que si vence el NO la Unión Europea está en peligro, que se abrirá un periodo de inestabilidad en Italia con repercusión en todo el continente, que la prima de riesgo italiana se disparará, que el débil crecimiento se hará todavía más débil, lo que repercutirá en la delicada situación de algunos de los más importantes bancos italianos, como el Monte de Paschi di Siena,  arrastrándolos  a una caída que, a su vez, se puede llevar por delante al enfermo Deutsche Bank y con ello al euro. Todo ello porque “los mercados” reaccionarán mal ante el panorama de inestabilidad política que se creará.

Ese escenario apocalíptico en gran medida se produciría, según esos medios,  porque los que piden el no son la amalgama de los xenófobos de la Liga Norte, los berlusconianos, los del Movimiento 5 Estrellas, los resentidos del Partido Democrático del primer ministro, la CGIL, que es el más importante sindicato del país, todos ellos metidos en el saco del “populismo”, aunque sea ocasional. Tampoco en Italia los medios dominantes favorecen que haya un fluido debate de ideas sobre lo que exactamente se le ha pedido a la gente que se pronuncie, esto es, la reforma de la Constitución. Parece que lo que se está planteando es una especie de plebiscito en torno a la figura de Renzi que es presentado como promotor de “reformas” que harán posible la modernización de Italia mandando al chatarreo instituciones que considera envejecidas, como muy bien explicó en su blog Antonio Baylos.  En que dirección quiere hacerse esa modernización y a quienes quiere favorecer es lo que queda en la sombra, pero ya se ha visto bastante cuando con una ley, que tiene el ridículo nombre de Job Act, se ha aumentado el poder de los empresarios, disminuido los derechos de los trabajadores eliminado garantías contra el despido injusto y trata de debilitar a los sindicatos para abaratar salarios.  Reformas que precisamente son las que están alejando a importantes capas de las clases trabajadoras del interés por la política y del proyecto de integración europeo para echarlas en brazos de la extrema derecha.

La reforma constitucional está poco y mal explicada, en parte porque es una reforma confusa, técnicamente mal hecha, un “pastiche” que no es fácil de justificar ni por quienes le propugnan. Sus defensores dicen que pretende simplificar el procedimiento legislativo limitando el papel del senado, cuando en realidad complica y llena de incertidumbres dicho procedimiento. Es una reforma que  da más poder al ejecutivo que tendrá un fuerte dominio del funcionamiento del legislativo y dificultará ser sometido a  su control. Es una reforma en la que pierde la democracia y gana el autoritarismo en nombre de la gobernabilidad. Llama la atención que los medios de comunicación españoles presenten a los defensores del NO como una banda heterogénea a la que solo une el ansia echar a Renzi, cuando quien vinculó el triunfo del No con su renuncia fue él mismo sin que nadie se lo pidiera, en una operación de mesianismo (eso si que es populismo) del tipo “o yo o el caos”. Ignoran esos medios que prestigiosos intelectuales y grandes juristas como Zagrebelsky (ex magistrado del Tribunal Constitucional), Romagnoli, Ferrajoli o Rodotá se han pronunciado y han hecho activa campaña en contra de esta reforma sin que se pueda decir de ellos que tienen oscuras aspiraciones de poder, simplemente consideran que es un atropello a los valores democráticos que traerá mayores males que los que se pretende evitar.

Hoy también hay elecciones en Austria, en donde la mera posibilidad de que un criptonazi pueda ser presidente ya es un síntoma de la crisis por la que pasa la Unión Europea que está obligada, si queremos que sobreviva, a una refundación sobre la base del reconocimiento y defensa de los derechos sociales y los valores democráticos que fueron los que aglutinaron a los trabajadores europeos hasta conseguir la derrota de los fascismos. Esa refundación no la pueden hacer los actuales dirigentes que ya han mostrado que intereses defienden y que procedimientos utilizan para el ejercicio del poder.



domingo, 27 de noviembre de 2016

Fidel



Fidel había pasado a la historia mucho tiempo antes de este 25 de noviembre. Intentaron en numerosas ocasiones matarlo usando los más diversos métodos y siempre fracasaron, pero eso no hubiese sido posible sin la resistencia del pueblo cubano, que siempre quiso vivir en paz y progreso, pero todavía hoy sigue sufriendo las consecuencias de un bloqueo que insulta las más elementales reglas de la convivencia entre las naciones. El triunfo de la revolución cubana enseñó que la utopía de un mundo más justo y mejor no es una quimera. 

sábado, 26 de noviembre de 2016

Carta abierta a mi hermano de las Brigadas Internacionales



Marcos Ana ha muerto, pero su ejemplo sigue vivo. Aquí reproducimos esta carta suya a los voluntarios de las Brigadas Internacionales



Queridos camaradas:

Me gustaría escribiros a cada uno en vuestro propio idioma, o que todos recordarais  el español para poder expresaros más directamente el cariño y la admiración que siento por vosotros. Los idiomas deberían ser universales, como es el amor, la música o los grandes ideales. Sin embargo, durante el homenaje de noviembre, siempre que nos encontramos, utilizamos un idioma común a nuestros corazones, el idioma de la solidaridad humana, el lenguaje diferente y único de las Brigadas Internacionales. Y basta mirarnos, darnos un abrazo, para saber, sin decir una palabra,  que somos hermanos, ramas de un mismo tronco, hijos de una misma lucha por la libertad y la dignidad humana. Esta admiración, que crece en mí cada día, viene desde muy lejos, cuando  mi juventud nacía y mi corazón era un adolescente miliciano. 
Y yo ya no sé si admiro más en vosotros vuestra lucha heroica y romántica de ayer, cuando veníais a ofrecernos la vida si era necesario, o el hecho ejemplar de no haber  dejado parados vuestro corazón  y vuestra historia en las páginas del pasado y, 60 años después, algunos ya encorvados por el peso de la edad o de las enfermedades, continuar la lucha, con armas diferentes, pero con los mismos ideales, sin cambiar vuestro corazón de sitio. Vuestra consecuencia y lealtad es también un ejemplo para todos en este momento, cuando los metafísicos de la desesperanza devalúan las ideas o van a la deriva ante naufragios inesperados o decepciones personales o colectivas.  Los hombres pueden equivocarse, fracasar, incluso traicionarse a sí mismos, pero las ideas permanecen, están por encima de las circunstancias. Y los nobles ideales por los que vosotros luchasteis y muchos dieron su vida, seguirán abriendo camino al porvenir y alcanzarán un día la victoria. Si no lo vemos nosotros, lo verán nuestros hijos; pero es necesaria e inevitable, frente a esta sociedad insolidaria, una nueva primavera del mundo.

España ha demostrado una vez más que no os olvida. Y en tal medida que a todos nos sorprendió la clamorosa bienvenida que recibisteis. En medio de ese clamor popular y precisamente por eso no faltaron los que quisieron ignorarlo o falsear vuestra historia. Todavía hay gentes que van con la Noche a cuestas, vertiendo  su oscuridad sobre toda la luz que nace, o permanece, como la vuestra. Pero todos juntos no pesan lo que un minuto de vuestra vida, no valen lo que una palabra vuestra y jamás tendrán la fuerza necesaria para borraros de la historia, ni para arrancaros del corazón de nuestro pueblo.

Podéis sentiros orgullosos de vosotros mismos. Habéis alcanzado la inmortalidad en la memoria y en el corazón de las gentes. Lo más triste cuando se llega al atardecer de la vida es mirar atrás y no haber dejado huellas de nuestro paso. Pero vosotros habéis hecho camino, habéis dejado huellas imborrables en la Historia. Vuestra palabra está poblada de voces universales, ocupáis grandes espacios en la bibliografía mundial. Han cantado vuestra gesta  los poetas más grandes de nuestro tiempo, Alberti, Neruda, César Vallejo... Fuisteis un ejemplo ayer, lo sois hoy y lo seguiréis siendo para las generaciones venideras.

Bertold Brecht escribió un poema que se hizo emblemático para todos nosotros:

Hay hombres que luchan un año
y son buenos.
Hay otros que luchan muchos años
y son mejores.
Pero hay hombres que luchan siempre:
esos son imprescindibles.

Y a esa clase de hombres  y mujeres que luchan toda su vida pertenecéis vosotros, los brigadistas voluntarios de la libertad.

Quiero terminar esta carta, queridos hermanos, deseándoos mucha salud. La salud es la base material del revolucionario. Os pedimos que os cuidéis mucho. Apretad los puños y el corazón para seguir viviendo. Resistid, que esa es vuestra profesión, a la ofensiva de los años, de las enfermedades, de las frustraciones. Deseamos seguir teniéndoos a nuestro lado mucho tiempo. Queremos cruzar juntos las fronteras del año dos mil, para celebrar vuestro 65 aniversario  en el amanecer del siglo XXI. Con esa esperanza os abrazo.

Julio de 1997  [i]


martes, 15 de noviembre de 2016

ANTE LA NEGOCIACIÓN SOBRE LA NUEVA REFORMA DE PENSIONES



Como cigüeñas al campanario por San Blas, vuelve con el nuevo-viejo Gobierno la reforma de las pensiones, o de algunas de ellas. Esta vez la urgencia de la reforma que reclaman determinados agentes económicos y sus intelectuales orgánicos tiene una base real de justificación cual es el déficit de la Seguridad Social que se ha ido paliando con el Fondo de Reserva, cosa que no es posible seguir haciendo, como es evidente. Ante la negociación que se ha abierto en el marco del Pacto de Toledo, algunas puntualizaciones parece conveniente hacer.

La primera es que todas las partes presentes en las negociaciones, empezando por el Gobierno, están obligadas a hacer una declaración pública, solemne, unánime e inequívoca de que las pensiones se van a mantener porque se toman en serio el mandato del art. 41 de la Constitución. Es, ni más ni menos, cumplir y hacer cumplir la Constitución y dejar de usarla para tirársela a cabeza en los debates sobre la organización territorial del Estado. La seguridad y tranquilidad de la población lo merecen más que sobradamente.

La segunda es que como el problema del déficit tiene su razón de ser en la caída de los ingresos del Sistema y no en un exceso de gastos porque las pensiones ya han sido recortadas, entre otras cosas, con el índice de revalorización que se introdujo en 2013 y más que lo van a ser en el cálculo de su cuantía inicial cuando se aplique, si es que se llega a ello, el factor de sostenibilidad, el objetivo de la reforma debe de ser mejorar sus fuentes de financiación. 

Si como es evidente, y todo el mundo no puede sino estar de acuerdo, que la devaluación salarial, el desempleo, la temporalidad de los contratos de trabajo y el contrato a tiempo parcial son una de las razones de esa caída de ingresos, parece oportuno atajar ese mal, para ello la primera medida ha de ser reforzar e incentivar la negociación colectiva, en especial la de sector porque es la mejor garantía de la mejora salarial de miles de trabajadoras y trabajadores de las pequeñas y medianas empresas que son la mayoría del tejido productivo español. La rectificación de la reforma laboral se impone y si el Gobierno y los partidos que lo sostienen no lo hacen están con claridad siendo falsarios cuando pregonan que defienden la Seguridad Social.

Pero para mejorar los ingresos del Sistema también hay que eliminar medidas erróneas y contraproducentes que se han aplicado en el pasado reciente, como las bonificaciones y, sobretodo, las deducciones directas a los empresarios de su cuota por contingencias comunes. Las llamadas tarifas planas no sirven para la creación de empleo de calidad, pero si para drenar los recursos de la Seguridad Social. 

Otro camino para mejorar los ingresos es la eliminación del tope de cotización establecido hoy en 3.642 € brutos al mes. Todo lo que supere esa cifra está exento de cotización a la Seguridad Social, lo que es injusto porque quienes ganan menos son solidarios con el cien por cien de sus ingresos y los mejor retribuidos lo son solo en parte. Una perversa solidaridad inversa. No es argumento decir que también hay topes de prestación porque, como es bien sabido, nuestro Sistema (como todo que merezca el nombre de Seguridad Social) funciona con el sistema financiero de reparto, es decir, no hay relación sinalagmática entre las cuotas y las prestaciones. Otra cosa es que la prudencia aconseje revisar al alza los topes de prestación (que pueden seguir existiendo) y ahí es donde hay que hacer finos cálculos actuariales.

Mejorar la calidad del empleo (por tanto subidas salariales) y corregir los mecanismos que drenan las fuentes de recursos al Sistema es una necesidad cuando se observa que según datos del INE el salario medio bruto mensual en 2014 (son los datos que dispongo, pero no debe haber cambiado mucho) era de 1.904,8 €, siendo el salario modal (esto es, el más frecuente) 1.374,2 € y 1.605,3 € el mediano. Si tenemos en cuenta que el INE para estos cálculos parte de los salarios percibidos por quienes están en alta a la Seguridad Social al menos dos meses, hemos de concluir que las remuneraciones de los asalariados en su conjunto son inferiores porque es bien sabido que una cantidad enorme de los contratos tienen una duración inferior a dos meses y que los trabajadores temporales y a tiempo parcial tienen salarios más bajos.

La tercera tiene que ver con la financiación de la Seguridad Social por transferencias desde el Estado, esto es, por impuestos. Se está hablando de financiar ya las prestaciones de viudedad por esta vía. Hoy por hoy aproximadamente el 83 por ciento de los recursos del Sistema provienen de las cotizaciones sobre salarios. No parece descabellado reducir esa proporción aumentando la vía impositiva en un mundo en el que nos están diciendo que la robótica y las nuevas tecnologías nos llevan a una cuarta revolución industrial en donde la producción de bienes y servicios precisará menos trabajadores pero aumentará los beneficios empresariales. Permanecer en la jaula de la llamada contributividad lleva indefectiblemente a la reducción de las prestaciones en clara oposición a la suficiencia de las mismas que manda la Constitución. Pero este es un debate que hay que hacerlo con tranquilidad y calma, mientras que ahora es urgente allegar recursos al Sistema.  Conviene recordar que el art. 109 del texto refundido de la Ley General de la Seguridad Social dice que las prestaciones a las que llama contributivas se financiarán “básicamente” con cotizaciones sociales, pero no cierra la vía para la financiación por impuestos, que pueden ser finalistas para evitar un uso imprudente de la discrecionalidad por el legislativo. Ese debate no debe de ser reservado a “los expertos”, es algo que concierne a toda la sociedad y en especial a los trabajadores, por eso no estaría de más que los sindicatos tuvieran en perspectiva un referéndum sobre esta materia, como autorizadas voces ya han sugerido.



sábado, 22 de octubre de 2016

Sobre los efectos del capital globalizado en las relaciones de trabajo

La editorial Bomarzo acaba de publicar un libro de la Dra. Teresa Nahas con el titulo Reflexiones sobre los efectos del capital globalizado en las relaciones de trabajo, que lleva un  prólogo de Joaquín Aparicio Tovar que parcialmente se reproduce aquí. Con su publicación queremos animar a leer tan interesante libro. 


En 1975 el escritor británico John Berger y el fotógrafo suizo Jean Mohr publicaron un libro sobre la emigración en Europa, con el objetivo de mostrar que las economías de los países ricos dependían de la mano de obra de naciones más pobres, aunque el libro es mucho más que eso. En ese libro, titulado Un séptimo hombre, puede leerse que “para el capitalismo no es concebible que el subdesarrollo pueda ser una situación de pobreza insuperable, de la que no se pueda salir. Y, sin embargo, el capitalismo mantiene a casi la mitad del mundo precisamente en esa situación. Esta contradicción entre la teoría y la práctica es una de las razones por las que el capitalismo y sus instituciones culturales ya no son capaces de explicarse a sí mismos ni de explicar el mundo”. En los ya bastantes años que desde entonces han pasado han tenido lugar importantes transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales, sin embargo, como reconoce John Berger en un prólogo a una  nueva edición en 2002, el libro no ha dejado de ser de actualidad. Es más, “es hoy más incisivo, más apasionado y más conmovedor que cuando se publicó la primera vez”. Esas mismas palabras son plenamente válidas hoy. Probablemente ello se debe a que, a pesar de las crisis, no solo no han cesado los movimientos migratorios hacia Europa, así como hacia otros lugares del planeta considerados “primer mundo”, sino que han tomado una dimensión mucho mayor  en todos los sentidos que han dejado pequeño el secular desgarro que toda emigración conlleva. Hoy los movimientos de personas que buscan una vida mejor tienen un dramatismo tal que han convertido al Mediterráneo, cantado por Homero como el “mar color de vino”, en una enorme fosa común de miles de ignotas personas que no pudieron alcanzar la tierra en la esperaban realizar sus aspiraciones de dejar atrás la pobreza o la guerra o las persecuciones religiosas, políticas, raciales o de origen sexual.

El capitalismo “realmente existente” de nuestros días ha acentuado su fracaso y ahora condena a la pobreza, a la exclusión social, no solo a una parte importante de poblaciones de los países eufemísticamente llamados “en vías de desarrollo” (un desarrollo que nunca llega),  sino también a una parte cada vez más amplia de la clase trabajadora de los mismos países hegemónicos con un aumento exponencial de la desigualdad. El informe Oxfam de enero de 2016, Una economía al servicio del 1%, citando fuentes de Credit Suisse, revela que el 1% de la población mundial más rica acumula más riqueza que el 99% restante, así mismo pone de manifiesto que “en 2015, sólo 62 personas poseían la misma riqueza que 3.600 millones (la mitad más pobre de la humanidad). No hace mucho, en 2010, eran 388 personas. La riqueza en manos de las 62 personas más ricas del mundo se ha incrementado en un 44% en apenas cinco años, algo más de medio billón de dólares (542.000 millones) desde 2010, hasta alcanzar 1,76 billones de dólares. Mientras tanto, la riqueza en manos de la mitad más pobre de la población se redujo en más de un billón de dólares en el mismo periodo, un desplome del 41%. Desde el inicio del presente siglo, la mitad más pobre de la población mundial sólo ha recibido el 1% del incremento total de la riqueza mundial, mientras que el 50% de esa “nueva riqueza” ha ido a parar a los bolsillos del 1% más rico. Los ingresos medios anuales del 10% más pobre de la población mundial, en quienes se concentran pobreza, hambre y exclusión, han aumentado menos de tres dólares al año en casi un cuarto de siglo. Sus ingresos diarios han aumentado menos de un centavo al año”.

Estos datos muestran que el siglo XXI ha empezado mal y las cosas no van camino de mejorar, más bien al contrario. Si al aumento descarnado de la pobreza le sumamos las guerras y otras persecuciones de grupos de poblaciones, es inevitable que los flujos migratorios alcancen en el futuro una dimensión todavía mayor de la actual.

Todo esto se ha producido en un tiempo en el que se ha acelerado la circulación a escala planetaria de mercancías, de capitales, de servicios y se ha hecho posible la difusión masiva y rápida de formas culturales, generalmente nacidas en los países metropolitanos, merced a las nuevas tecnologías de la comunicación que no escapan al control de minoritarios grupos económicos. El capital financiero ha dominado a la economía mundial cada vez más controlada por una business community que erosiona la soberanía y autonomía de los Estados-nación. Es lo que de modo resumido se suele denominar “globalización”.

La preocupación ante este estado de cosas movió, o tal vez conmovió, a la doctora Thereza Nahas, desde su sensibilidad de jueza de los social de Sao Paulo, a enfrentarse a ellas para preguntarse cual debe ser el fin de las normas sociales, para preguntarse si hoy sigue siendo válida la aspiración a la justicia social universal como base de la paz mundial que en su Constitución preconiza la Organización Internacional del Trabajo. Para ello acomete un riguroso estudio que parte, como no podía ser de otro modo, de un análisis de la globalización en el que constata cómo mientras el capital se mueve prácticamente sin los obstáculos de las fronteras, para los trabajadores, en cambio, estas se levantan muchas veces como muros infranqueables, con la consecuencia adicional de que, en ese movimiento a escala planetaria, el capital juega con una especie de “mercado” jurídico para tener en cuenta en la elección de los países destinarios de inversiones aquellos en los que los ordenamientos jurídico-laborales sean más complacientes con los empresarios en una especie de subasta a la baja de las garantías de los derechos de los trabajadores. El Doing Business del Banco Mundial ha sido un buen y vergonzante ejemplo de ello.  Pero si esto ha de ser así, la doctora Nahas pone claro que nuestro sistema democrático y civilizatorio empieza a tener serias quiebras porque si se reducen las normas laborales a que sean eficientes para la actividad económica pierden todo su sentido, que no es otro que buscar una aceptable igualdad entre partes social y económicamente desiguales (trabajador y empresario). Se ha producido entonces un desequilibrio excesivo en favor de la parte más poderosa de la relación de trabajo y se pone en evidencia el “mito de la globalización” como generadora de riqueza y bienestar. 

No se trata de que en un mercado mundial de trabajo, que cómo se acaba de decir, la existencia de fronteras para los trabajadores demuestra que no es tal, los trabajadores más cualificados en el dominio de las nuevas tecnologías serán los ganadores frente a los perdedores, los poco cualificados que por efecto de la deslocalización productiva van a permanecer en los países subdesarrollados. El profundo y muy interesante estudio que lleva a cabo sobre los trabajadores fronterizos, los migrantes y los desplazados con ocasión de una prestación de servicios muestra que la mayoría de los trabajadores pierde y para ello trae a colación el Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre México, Estados Unidos y Canadá.

Pero en una investigación de este tipo era obligado estudiar los fenómenos de integración regional que en el mundo se han producido, en concreto el MERCOSUR y, sobretodo, la Unión Europea, a la que dedica especial atención por ser el ejemplo más avanzado de integración que puede encontrarse, lo que es muy meritorio para una investigadora brasileña no habituada a las categorías, con frecuencia abstrusas, de su derecho y sus relaciones con los ordenamientos jurídicos de los Estados miembros. La Unión Europea es una creación excepcional de un momento histórico preciso, como señaló el gran historiador Eric Hobsbawm, que tenía el impulso ético de alcanzar la paz entre los Estados europeos, secularmente desgarrados por guerras entre ellos, y por alcanzar paz social en el interior de cada uno de esos Estados mediante el reconocimiento de derechos sociales, cosa que se plasmó en las constituciones que reconocen el Estado Social y Democrático de Derecho como una superación de las muy imperfectas democracias liberales. El desarrollo económico que la integración debería de traer, que es básicamente competencia de las instituciones supranacionales, no debería arrumbar los derechos sociales, más bien garantizados en las constituciones nacionales, pero al basarse la Unión las cuatro libertades fundamentales de libre circulación de mercancías, libre circulación de capitales, libre circulación de personas, es decir de trabajadores, y libre prestación de servicios y establecimiento, no cabe duda que la tensión entre lo económico (más bien anclado en el espacio supranacional) y lo social (más bien anclado en el espacio nacional) ha estado siempre latente. El embate de la globalización neoliberal y su influencia ideológica en los gobiernos de los Estados miembros, además de la ampliación a partir de 2004 a los países del Este de Europa, una vez en la órbita del “socialismo realmente existente”, ha roto el delicado e inestable equilibrio, que con sus altibajos, se había mantenido hasta el inicio del nuevo siglo. En concreto, la libre prestación de servicios y establecimiento está chocando con la garantía de derechos sociales y está empezando a provocar un social dumping entre los Estados europeos al permitir cierta jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (casosViking, Laval, Rüffert, entre otros) la aplicación de la ley del país de origen a los trabajadores desplazados temporalmente con ocasión de una prestación de servicios. Eso ha sido posible porque la relativa, aún con sus excepciones, homogeneidad entre los ordenamientos jurídico-laborales de los Estados que existía antes de la ampliación de 2004 se ha roto, a lo que hay que añadir el uso ( mejor abuso) de las técnicas de descentralización productiva por parte de las empresas. El Tribunal de Justicia, frente la jurisprudencia de los años noventa, ha relajado considerablemente la protección de los derechos de los trabajadores y la prohibición del social dumping como una exigencia imperativa de interés general limitadora de la libertad de prestación de servicios. Pero nada está escrito en piedra para que perdure eternamente, como la STJUE en el caso Ammattiliito permite atisbar.

El estudio de las tensiones en el derecho de la Unión Europea entre la libre prestación de servicios y la protección de los derechos de los trabajadores le ha llevado a la doctora Nahas, en un magnifico ejemplo de coherencia, a estudiar estos problemas más allá de sus fronteras, en concreto, a estudiar la influencia sobre los derechos sociales de la actividad de la Organización Mundial del Comercio, que tiene como objetivo la liberalización del comercio mundial y, más en concreto, el Acuerdo General del Comercio de Servicios, que en su modo 4 se refiere, precisamente, a los servicios que exigen para su prestación desplazamientos de trabajadores. Es crítica con la dirección que va tomando la liberalización del comercio basada en el dogma, que la experiencia evidencia falso y el citado informe Oxfam demuestra, de que la eliminación de reglas (incluidas las del trabajo) trae mayor riqueza para todos, al contrario, considera que “pese a que la fuerza de trabajo integra la organización empresarial en ningún momento los planes económicos se han preocupado de proteger a los trabajadores de las consecuencias del capital globalizado” por lo que quedan expuestos a poderes muy superiores y fuera de su control.

El Acuerdo Transpacifico de Cooperación Económica (TPP en sus siglas en inglés) y el Transatlantic Trade and Investment Partnership que se está negociando casi en secreto por la Comisión Europea y los Estados Unidos merecen atención de la Dra. Nahas. Sobre ellos no puede sino llegar a conclusiones muy críticas pues la experiencia del TPP muestra que la desigualdad en países como México o Perú lejos de disminuir aumentó. Las previsiones, que por lo que se ha sabido, se pretende hace el TTIP sobre las demandas ante tribunales de arbitraje que pueden hacer las empresas transnacionales contra los Estados huyendo de la jurisdicción de los tribunales ordinarios, así como la llamada “cooperación regulatoria” entiende que no harán sino empeorar los estándares de protección de los derechos sociales.


Después de este recorrido por tan complejos problemas podría pensarse que la respuesta a aquellos interrogantes sobre si en este mundo global hay un espacio para las normas sociales que ofrezcan tutela para conseguir mayores cotas de justicia social podría ser negativa o pesimista y, sin duda, la Dra. Nahas no niega la evidencia que apunta en ese sentido, pero su trabajo tiene mucho de denuncia y de apuesta por una reconstrucción del Estado Social y Democrático sobre nuevas bases que no sean las de la globalización neoliberal. Una reconstrucción enmarcada en una mayor implicación con la construcción de un orden supranacional que tenga como punto de referencia un renovado papel de los Convenios de la OIT para que el trabajo humano deje de ser efectivamente tratado como una mercancía. No parece que, por el momento, las cosas vayan en esa dirección pues, al contrario, los Gobiernos, con demasiada frecuencia, se comportan como fieles servidores de los grandes poderes económico-financieros privados, según estamos viendo en la reciente evolución en Europa y América Latina, pero el futuro no está escrito.