jueves, 24 de abril de 2008

CRONICA BREVE DE MI VIAJE A ARGENTINA


En el agradable jardín de la casa de doña Victoria Ocampo.


PEDRO Y EL LOBO: LAS FORMAS DEMOCRÁTICAS EN TIEMPOS DE INCENDIOS DE RASTROJOS EN ARGENTINA.


A mediados de abril de 2008 Argentina vive un suave otoño que todavía tiene el sabor del verano ya sin sus rigores, pero como va siendo habitual en ese país, los sobresaltos no faltan, apenas se empieza a atemperar el conflicto de los exportadores de productos agrarios, Buenos Aires desaparece de la vista tapado por una densa nube de humo gris que daña a los ojos e irrita narices y gargantas ¿qué pasa? Simplemente que la arcaica manera de preparar los campos quemando rastrojos ha adquirido una dimensión nunca vista, 70.000 hectáreas en el delta del Paraná arden desde 500 focos de fuego. Durante varios días el humo daña la salud de varios millones de personas, provoca accidentes mortales de tránsito, dificulta el transporte de mercancías con grave daño para la economía del país.

Un ingenuo hijo adoptivo de la muy insigne ciudad de Parapanda de visita por el Río de la Plata cree observar, no sin sorpresa, cierta pasividad de las autoridades públicas en apagar el incendio que tantos males trae. Pregunta porque no se adoptan las medidas precisas y eficaces para acabar con los frentes del fuego pero, ante su sorpresa, amigas y amigos inteligentes y de gran conciencia crítica, parecen aceptar aquella pasividad alegando que acceder al fuego en las islas del delta es harto difícil. ¿No hay disponibles aviones contraincendios que son perfectos para actuar en un sitio plano con agua abundante a su alrededor? No, parece que no.

Primera conclusión: el Estado está desarmado para luchar contra inclemencias de cierta entidad. Las políticas neoliberales de debilitamiento del Estado de los años 90 del pasado siglo siguen pasando factura. Pero la sorpresa es mayúscula cuando observa en una transmisión televisiva en directo cómo conductores airados se rebelan contra las sensatas órdenes de la policía que trataba de impedir la circulación por una autovía en la que la visibilidad no era mayor de 10 metros y se lanzan a un suicidio u homicidio conduciendo sus coches y camiones a bastante velocidad en aquellas condiciones. ¿Porqué esos ciudadanos se comportan de tan insensata manera? Porque, le dicen sus amigas y amigos, parece que cualquier orden que venga del Estado goza de tan poca aceptación que se rechaza. ¡Cielos!, piensa nuestro viajero, esto es como el cuento de Pedro y el lobo. ¿Cómo se ha llegado a esta situación tan absurda? Habría que ser un gran sabio para dar con todas sus causas, pero a uno se le antoja que algo tiene que ver con el deterioro de las formas propias de un estado de derecho.

Como es bien sabido la democracia es respeto a formas y procedimientos en el ejercicio del poder, además de orientación del ordenamiento jurídico hacia valores como la libertad, la justicia y la igualdad que hacen que el contenido material de las leyes no sea neutro, la vieja unión de forma y contenido. Pues bien, el respeto escrupuloso a las formas democráticas desde hace ya un tiempo no es muy alto en Argentina. Con más frecuencia de la debida los Gobiernos legislan a golpe de decreto con el argumento del estado de necesidad o de urgencia banalizando el papel del representante de la soberanía popular, el legislativo. Sin ir más lejos la reciente subida de impuestos a las exportaciones agrícolas que desató un grave conflicto, se llevó a cabo mediante una norma reglamentaria de bastante bajo rango. Más allá de la legalidad de tal procedimiento, ¿no es verdad que un debate parlamentario para aprobar la medida por ley hubiese sido mucho mejor? Por lo menos se podrían haber confrontado distintos argumentos y , tal vez, llevar a cabo la subida impositiva de un modo más perfecto. Se habría precisado más tiempo, cierto, pero la previsión debe ser una virtud del buen gobernante. Otro ejemplo, después de la grave crisis del 2001 el presidente, y ahora la presidenta, despacha de forma separada con cada uno de los ministros, no hay por tanto deliberación del Consejo de Ministros porque no hay tal Consejo. Puede que sea una vieja costumbre en un sistema presidencialista, pero no por eso deja de ser mala. No se ha superado adecuadamente el Estado de no Derecho que el agudo constitucionalista argentino Horacio González entiende se ha instalando en el país a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.

Tal vez el Gobierno (o su presidenta) piense que al gozar de la legitimidad que le da considerarse el mejor valedor de la justicia social, pues para eso es el interprete supremo del peronismo que impregna amplios sectores de la sociedad argentina, no necesita de la legitimidad que da el respeto escrupuloso a las formas. No lo necesita porque tiene el fervor de los “descamisados” por cuyo bienestar se desvela. El contenido es suficiente, el respeto a las formas secundario. Pero eso lleva a deslizarse por la pendiente del autoritarismo con el agravante de que , como ha señalado Antonio Lettieri, en un mundo globalizado en el que la polarización de la riqueza empuja a un estado de inseguridad, no solo a las capas más bajas de la sociedad, sino a amplias clases medias “la política crea de un lado expectativas, pero de otro frustración, protesta, rabia…el tan manido “fin de las ideologías” hace a los individuos no menos, sino más exigentes con la política. Los comportamientos políticos, las opciones, el actuar concreto de los gobiernos se convierten en toma de posiciones fuertes y la protesta contra lo que es, con razón o sin ella, considerado políticamente erróneo tiende a radicalizarse”. ¿No es esto lo que se manifestaba en aquel: ¡Que se vayan todos! de la asonada de 2001? . Abrir canales a la participación de los ciudadanos en la toma de las decisiones políticas, sin que los cieguen férreas estructuras de partidos o sindicatos próximos al poder, respeto a las formas democráticas y medidas políticas que den a todos seguridad frente a los avatares del porvenir, parece el camino para recuperar confianza en la vida en común más que encomendarse a la advocación de los santos laicos del pasado, aunque, en el caso de Argentina, se trate de la mismísima Evita Perón.

7 comentarios:

Pepico Pichín dijo...

Apreciado profesor. Me parecen muy atinadas sus observaciones sobre Argentina. Qusiera hacerle una pregunta: ¿cómo actúan los sindicatos argentinos en todo ese engranaje que usted analiza? Podría aclararlo en un artículo en su recomendable bitácora.

la argentina dijo...

Don Joaquín, usted ya casi me entiende por completo.
Cariños
La Argentina

PD: Igual todavía le hacen falta unos viajecitos más para que sus amigos continúen explicándole lo que es el peronismo. La experiencia es útil. Sobre todo para nosotros.

Anónimo dijo...

Don Joaquín: Hasta donde sabemos por estas tierras porteñas, nadie había hecho una diapositiva tan eclatante como la que hicisteis vos en esta entrada. Gracias por decirnos cuatro cosas, Saludos, Bife de la Costanera

lucki dijo...

estimado profesor:
entre cordero y cochinillo trataremos de desentrañar la progenitora del primero. Es decir la madre del cordero del peronismo y de la productividad del señor Zaplana.
Mucha tarea tenemos en la Vera!

lucki,nacho,charo y lola

Anónimo dijo...

Profesor, he visto su entrevista con el profesor Rodríguez Piñero. ¿Por qué no la edita en este blog para que se pueda ver en todos los lugares donde no llega la Revista Latinoamericana? Gracias, Lauro Becerril, de Río Gallelgos

Anónimo dijo...

Sr. Profesor, nos tiene pendientes de su respuesta a Pepico Pichín. Saludos desde Trebujena. Fermín

Violeta dijo...

Me gustaría preguntarte si podes recomendarme alguna zona en especial para buscar alojamiento en Buenos Aires? agradeceré el dato, saludos