domingo, 4 de diciembre de 2016

SOBRE EL REFERENDUM ITALIANO Y SU INFORMACIÓN.




Hoy, domingo 4 de diciembre se está celebrando un referéndum en Italia en el que los votantes han de pronunciarse sobre importantes reformas de la Constitución. El primer ministro, Renzi, que impulsa esas reformas, ha dicho que dimitirá si vence el NO. Los medios de comunicación informan que las encuestas apuntan a una victoria del NO, en una estrategia (según autorizadas opiniones) para que salga el SI, que es lo más probable que al final ocurra. 

Los medios de comunicación españoles dominantes afirman que si vence el NO la Unión Europea está en peligro, que se abrirá un periodo de inestabilidad en Italia con repercusión en todo el continente, que la prima de riesgo italiana se disparará, que el débil crecimiento se hará todavía más débil, lo que repercutirá en la delicada situación de algunos de los más importantes bancos italianos, como el Monte de Paschi di Siena,  arrastrándolos  a una caída que, a su vez, se puede llevar por delante al enfermo Deutsche Bank y con ello al euro. Todo ello porque “los mercados” reaccionarán mal ante el panorama de inestabilidad política que se creará.

Ese escenario apocalíptico en gran medida se produciría, según esos medios,  porque los que piden el no son la amalgama de los xenófobos de la Liga Norte, los berlusconianos, los del Movimiento 5 Estrellas, los resentidos del Partido Democrático del primer ministro, la CGIL, que es el más importante sindicato del país, todos ellos metidos en el saco del “populismo”, aunque sea ocasional. Tampoco en Italia los medios dominantes favorecen que haya un fluido debate de ideas sobre lo que exactamente se le ha pedido a la gente que se pronuncie, esto es, la reforma de la Constitución. Parece que lo que se está planteando es una especie de plebiscito en torno a la figura de Renzi que es presentado como promotor de “reformas” que harán posible la modernización de Italia mandando al chatarreo instituciones que considera envejecidas, como muy bien explicó en su blog Antonio Baylos.  En que dirección quiere hacerse esa modernización y a quienes quiere favorecer es lo que queda en la sombra, pero ya se ha visto bastante cuando con una ley, que tiene el ridículo nombre de Job Act, se ha aumentado el poder de los empresarios, disminuido los derechos de los trabajadores eliminado garantías contra el despido injusto y trata de debilitar a los sindicatos para abaratar salarios.  Reformas que precisamente son las que están alejando a importantes capas de las clases trabajadoras del interés por la política y del proyecto de integración europeo para echarlas en brazos de la extrema derecha.

La reforma constitucional está poco y mal explicada, en parte porque es una reforma confusa, técnicamente mal hecha, un “pastiche” que no es fácil de justificar ni por quienes le propugnan. Sus defensores dicen que pretende simplificar el procedimiento legislativo limitando el papel del senado, cuando en realidad complica y llena de incertidumbres dicho procedimiento. Es una reforma que  da más poder al ejecutivo que tendrá un fuerte dominio del funcionamiento del legislativo y dificultará ser sometido a  su control. Es una reforma en la que pierde la democracia y gana el autoritarismo en nombre de la gobernabilidad. Llama la atención que los medios de comunicación españoles presenten a los defensores del NO como una banda heterogénea a la que solo une el ansia echar a Renzi, cuando quien vinculó el triunfo del No con su renuncia fue él mismo sin que nadie se lo pidiera, en una operación de mesianismo (eso si que es populismo) del tipo “o yo o el caos”. Ignoran esos medios que prestigiosos intelectuales y grandes juristas como Zagrebelsky (ex magistrado del Tribunal Constitucional), Romagnoli, Ferrajoli o Rodotá se han pronunciado y han hecho activa campaña en contra de esta reforma sin que se pueda decir de ellos que tienen oscuras aspiraciones de poder, simplemente consideran que es un atropello a los valores democráticos que traerá mayores males que los que se pretende evitar.

Hoy también hay elecciones en Austria, en donde la mera posibilidad de que un criptonazi pueda ser presidente ya es un síntoma de la crisis por la que pasa la Unión Europea que está obligada, si queremos que sobreviva, a una refundación sobre la base del reconocimiento y defensa de los derechos sociales y los valores democráticos que fueron los que aglutinaron a los trabajadores europeos hasta conseguir la derrota de los fascismos. Esa refundación no la pueden hacer los actuales dirigentes que ya han mostrado que intereses defienden y que procedimientos utilizan para el ejercicio del poder.