martes, 12 de marzo de 2019




FUERON LAS MUJERES…Y AHORA TAMBIÉN

Joaquín Aparicio Tovar



En la lucha por la igualdad y la libertad, por los derechos, por la democracia  la mujeres han tenido un papel decisivo. Luchas recientes lo muestran, y también la señora Historia. Un 8 de marzo de 1857, en New York, salieron a la calle miles de mujeres con el lema “pan y rosas” para protestar contra las penosas condiciones de trabajo, los salarios de miseria, la explotación a la que eran sometidas y contra el trabajo infantil. En 1910 la 2ª Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, reunida en Copenhague, a iniciativa de Clara Zetkin, aprobó declarar un día internacional de la mujer trabajadora en el mes de marzo. Un año después, el 25 de marzo de 1911, 123 mujeres y 23 hombres murieron, la mayoría inmigrantes de Europa del Este e italianas, en un incendio en la fabrica de camisas para hombres Triangle Shirtwaist en New York cuyas causas no quedaron muy claras. Un suceso que trae a la memoria la reciente muerte (en 2013)  de más de 1200 personas, la mayoría mujeres, por el derrumbamiento del edificio Plaza Rana, en Bangladés, donde se albergaban importantes empresas textiles que venden sus productos en las calles más comerciales de nuestras ciudades. En el capitalismo global liberal la explotación no ha desaparecido, es más, hechos como este muestran que en tantos modos se amplifica.  

El 23 de febrero de 1917, que equivalía al 8 de marzo en el actual calendario gregoriano, en Petrogrado, las trabajadoras del textil declararon una huelga en todo el sector en protesta por la miseria de los salarios, la carestía los alimentos, la corrupción y contra la guerra que desangraba Rusia. Exigían la paz.  La mujeres organizaron una gran manifestación y el 25 de aquel mes se declaró una huelga general. Aquello fue el desencadenante el proceso que acabó en la revolución de Octubre. Alejandra Kolontai, la primera mujer en el mundo en ocupar un cargo ministerial, impulsó una serie de medidas como el divorcio, el derecho al aborto y el derecho al sufragio de la mujer, siendo la Unión Soviética uno de los primeros países en reconocerlo (y el primero entre los grandes).  Desde entonces los avances en el camino de la igualdad han sido evidentes, pero no se puede ocultar que en la historia también hay retrocesos, como el largo periodo franquista que hemos sufrido en España, en donde hasta bien entrados los años 70 del siglo pasado, por ejemplo, las mujeres casadas no podían abrir una cuenta bancaria sin permiso de sus maridos. Las regresiones, como en la actualidad se está viendo, siempre pueden darse, pero aquí está el vigor del feminismo alzándose en contra.

La lucha por la igualdad es un largo camino a recorrer pero ya no puede entenderse, ni pensarse, sin la riqueza que aporta el movimiento feminista, que está haciendo ver que el patriarcado es incompatible con la igualdad y, por tanto, con la democracia. Puede haber varias tendencias en el movimiento feminista, porque la construcción de ese mundo en igualdad se esconde “entre las nieblas del futuro”, como dijera Rosa Luxemburgo, pero es claro que son incompatibles con el feminismo las propuestas de los partidos que defienden la sociedad clasista y el poder del dinero sobre las personas. La igualdad entre hombres y mujeres no es posible en una sociedad en la que el privilegio económico separe a hombres y mujeres, a mujeres y hombres según la clase en la que las fuerzas del mercado y la cuna en la que nacieron les sitúen.

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