jueves, 28 de mayo de 2015

Adiós a un gran amigo: Manuel Ramón Alarcón

Hoy se ha celebrado en Sevilla un acto cívico en memoria de Manuel Ramón Alarcón, fallecido en la madrugada del 26 de mayo. De tan triste suceso han dado cuenta los blogs hermanos de Antonio Baylos y Eduardo Rojo ( http://baylos.blogspot.com.es y  http://www.eduardorojotorrecilla.es). El acto de hoy ha congregado una gran cantidad de amigos y familiares de Manuel Ramón a los que han dirigido la palabra dos de sus hijos, su discípulo José Manuel Gómez Muñoz, uno de sus cuñados y su esposa Margarita de Aizpuru. El dolor por su pérdida se fue aliviando cuando se desgranaban diversos aspectos de la personalidad de Manuel Ramón, muchos de ellos conocidos por la mayoría de los asistentes como su lealtad con los amigos, su calidez con la familia, su generosidad, su cultura y honestidad intelectual, su gran categoría como profesor que conectaba con sus alumnos y su alegría que se evidenció de una manera especial cuando sus hijos y esposa desvelaron que su idea para un acto como el que celebrábamos era que hubiese un video suyo animando a la gente a seguir adelante con un fondo de música de rock, y en el que acabaría invitando a la concurrencia a que a continuación se fuese de juerga, cosa que no se pudo hacer.

Margarita recordó su militancia en Acción Comunista en los años finales, pero terribles, de la dictadura. Una militancia de la que nunca renegó. Al contrario, estuvo orgulloso de haber sido candidato en las elecciones del 1977 en el Frente Unido de los Trabajadores, una coalición de pequeños partidos de la familia comunista que algunos calificaban, no vamos a entrar si con razón o sin ella, de “izquierdistas”. Es seguro que a Manuel Ramón le hubiese gustado ver a tanta gente allí congregada para dejarles dicho bien claro que  hoy más que nunca los hechos recientes en Europa, pero sobretodo en nuestro país, muestran la vacuidad y  la falsedad de aquellas ideas ( o moda) del postmodernismo, tan en boga desde los años 90 del siglo pasado, puestas en circulación por liberales y social-liberales (algunos de estos últimos conocidos suyos sevillanos),  sobre la inutilidad de una ética de la resistencia contra los poderes oligárquicos que aplastan la igualdad y la libertad y lo obsoleto del compromiso político con la causa de la justicia social por un mundo mejor. Manuel Ramón estuvo muy consciente hasta el final y pudo gozar viendo como un nuevo y esperanzador tiempo se abrió con las elecciones municipales y autonómicas del domingo pasado. La coherencia y el compromiso, diría, acaban triunfando. Es un buen legado entre otros muchos que nos ha dejado.


jueves, 14 de mayo de 2015

AGUIRRE NO DEBE SER ALCALDESA

La arrogancia es una de las señas de identidad la derecha española, de eso hay pocas dudas, pero en no pocos casos la arrogancia está proporcionalmente acompañada de la ignorancia. Tanto más ignorante cuanto más arrogante. La señora condesa consorte de Bornos, la sra. Aguirre, ha dado sobradas muestras a lo largo de su dilatada carrera política de esto último. Otra característica de la derecha española, que adorna de forma excelsa a la candidata a la alcaldía de Madrid por el PP, es no reconocer límites en la acción política, los límites solo valen para los demás, no para ellos.

La democracia implica, entre otras muchas cosas, aceptar la existencia de límites en el comportamiento de las personas en lo social, lo político y lo económico. Algunos de esos límites están fijados por la ley, pero otros, tal vez los más importantes para la vida cotidiana, derivan de la convicción de que hay que seguir una conducta respetuosa con los valores de libertad, justicia, pluralismo político y, sobre todo, igualdad, si se quiere vivir en una sociedad democrática o simplemente en una sociedad decente. Lo que puede traducirse por respeto a cada uno y al común de los ciudadanos tomados en pié de igualdad. Ciertas cosas no se deben hacer aunque la voluntad por alcanzar un objetivo sea muy fuerte. La razón, transida por el bien, debe regir la conducta.

La sra. Aguirre, como su correligionario Berlusconi del que sin duda ha aprendido, de manera en apariencia espontánea acostumbra a soltar disparates o mentiras de las que, en ocasiones, después, también en apariencia, se disculpa, aunque siempre se justifica. En realidad no se disculpa porque todo es un montaje muy bien preparado para que su bulo o su insidia se ponga en circulación con la servil complicidad de los medios y, de paso, trata de ofrecer la imagen de una persona corriente al igualarse de modo calculado con lo más zafio de los potenciales votantes. Para ella no hay límites. Los que impone la ley se los salta cuando le conviene. Su carrera está llena de ejemplos como el oscuro transfuguismo de votos del Tamayazo; las donaciones de empresarios (alguno en la cárcel como Díaz Ferrán) para sus campañas a través, entre otros medios conocidos, de la fundación FUNDESCAN; los troceamientos de los contratos para que al no superar determinada cantidad evitar que salieran a concurso y poder proceder a la adjudicación directa, lo que permitió a su Gobierno regional contratar masivamente con la trama Gürtel; o aparcar en zona prohibida y darse a fuga de los vigilantes, de los que será su superiora si sale elegida alcaldesa. Sobre los límites que se derivan de la ética social no da muchas muestras de conocerlos, pues parece no obedecer a otra ética que no sea su ambición de poder. Su feroz autoritarismo la ha llevado a banalizar los asesinatos de los abogados de Atocha a los que degrada por comunistas. Es como volver a asesinarlos. Por cierto que enero de 1977 esta señora ya era más que adulta y no parece que en aquel año ni en los anteriores hiciera nada para traer la libertad a España. Se ve que con el dictador vivía muy plácidamente.

El modo de entender la gestión de la cosa pública que tiene Aguirre está orientado al medro privado de la clase social a la que pertenece y cuyos intereses cuida. Ensalza a los “emprendedores” frente a la supuesta ineficiencia de los funcionarios, pero ella misma es funcionaria como Técnica de Información yTurismo, un cuerpo hoy extinguido que era equivalente al de Técnicos de la Administración Civil del Estado. Con las muestras que ha dado de enciclopédica ignorancia, para no pensar mal del tribunal que la aprobó en las oposiciones, hay que creer que tuvo un milagroso arrebato de lucidez el día del examen, por cierto que por aquel entonces un tío suyo era Director General en el Ministerio del que dependían los asuntos del turismo y apenas incorporada al cuerpo quedó adscrita por un tiempo a su gabinete. En sus años en el Gobierno regional ha gastado dinero público a manos llenas en pura propaganda,  en muchos casos a través de empresas de la Gürtel. Un número importante de sus colaboradores ahora están encausados por corrupción. Ella dice ser ajena a esas tramas corruptas de las que nada vio ni sospechó durante años, pues bien, o lo sabía y lo consentía, en cuyo caso sería cómplice, o no lo sabía, en cuyo caso es una gestora de lo público absolutamente incompetente.

Ha hecho gala de actuar sin vergüenza en pos de sus ideas, por eso no ha dudado en demoler la educación y la salud de los madrileños para entregarlas al lucro privado. En efecto, anunció en el Hotel Ritz ante un selecto grupo de empresarios que la salud de los ciudadanos iba ser puesta en el tráfico mercantil y de ese modo abriría para ellos “una oportunidad de negocio”. También ha dicho estar orgullosa de ser una aristócrata, y en eso hay que reconocer que es coherente con su actuación política que está siempre dirigida a incentivar la libertad del dinero lo que de modo inevitable trae un aumento de las desigualdades y abre una gran distancia entre la oligarquía y la mayoría de la población. Con ella cobra todo sentido la definición de distancia que hace Ambrose Bierce como “lo único que los ricos están dispuestos a que los pobres consideren suyo, y a que la guarden”.

La actuación que la candidata Aguirre ha tenido con su competidora Manuela Carmena al ver que la está haciendo sombra ha mostrado su catadura. Siempre basándose en otras fuentes ha propalado mentiras y falsedades sobre ella. La respuesta de Manuela Carmena ha servido para que los electores aprecien su altura moral frente a la de Aguirre.

El juicio sobre lo buena o mala persona que sea la candidata Aguirre es asunto de cada cual, pero lo que parece claro es que nadie que comparta los valores democráticos puede colaborar por acción u omisión para que esta señora sea alcaldesa de Madrid.


lunes, 27 de abril de 2015

INDECENTES COMPORTAMINETOS CON GRECIA…Y CON EL RESTO DE LA POBLACIÓN ACTIVA

Cada nueva entrega de las noticias sobre las negociaciones del eurogrupo con Grecia nos trae un grosero y despiadado desprecio hacia la democracia. Hay aspectos que son especialmente llamativos. El primero es el disciplinado sometimiento de la zahúrda mediática a las ordenes de la gran oligarquía financiera, del que merece destacarse, en primer lugar, la campaña de desprestigio personal que han emprendido contra el ministro Varoufakis ante el peligro que intuyen tiene su carisma y su solidez intelectual. Pocas veces que ha habido ocasión de escuchar sus propuestas sin intermediarios, pero, escuchadas, resulta que son de lo más sensato. Para devolver una deuda contraída por anteriores Gobiernos, que no fue en beneficio de la mayoría de la población, sino de una minoría de especuladores nacionales e internacionales, la forma más razonable de hacerlo es conseguir un crecimiento económico, lo que implica renegociar los plazos y reestructurarla. También hay que poner en práctica medidas de política social que alivie la situación de emergencia en que vive más de un 30% de la población, lo que, por otro lado, también redundará en el mejoramiento de la actividad económica.  Pero resulta que lo que transmiten los medios poco tiene que ver con esas sensatas propuestas, sino que cual tinta de calamar, todo se emborrona en turbias palabras, unas descalificadoras y otras vacías: Varoufakis es un arrogante, busca protagonismo en los medios, es inflexible, es “un académico, los plazos se acaban, Grecia no avanza en las reformas.

Aquí viene la segunda andanada: la sistemática manipulación de la información por los grandes medios, convertidos en sumisos voceros de las covachuelas de Bruselas, Frankurt o Whashington. ¿ De que reformas se hablan? Frente a una situación mala, decir simplemente reforma induce a pensar en algo positivo, en algo bueno. Pero hay que decir cual es el contenido de las reformas exigidas, no vaya a ser que aprovechando la crisis las reformas lleven de una situación mala a otra peor, pero definitiva, y de eso se dice poco. A lo que con dificultad se puede atisbar es que, en gran medida, la insatisfacción del eurogrupo se debe a que no acepta la protección contra los desahucios de los más débiles que ha puesto en práctica el Gobierno de Syriza. El eurogrupo tampoco está contento porque no se han recortado las ya magras pensiones, ni se ha puesto en marcha una nueva reforma laboral que de más poder a los empresarios y lleve a los trabajadores a una mayor sumisión en la empresa, como quiere también para España el Sr. Draghi, el ex empleado de Goldman Sachts ¿Porqué los periodistas, en lugar de hablar genéricamente de reformas, no confrontan las exigencias del eurogrupo con el programa del trabajo decente de la OIT?

Un segundo aspecto es la aparente unanimidad (al menos eso es lo que muestran los medios) de los distintos ministros de economía y finanzas europeos. El dogma neoliberal es profesado por igual por socialdemócratas que por derechistas, entre los que el ministro De Guindos, el antiguo empleado de Lehman Brothers, quiere hacer méritos con una altanería un tanto patética. Todos ellos parecen compartir que plantear algo contrario a ese dogma, a pesar de sus probadas desastrosas consecuencias para la mayoría de la población, es, en el decir de Vargas Llosa, eximo representante del neoliberalismo, como luchar contra la ley de la gravedad. No hay mayor forma de autoritarismo.

En realidad se trata de una opción política: para evitar que se contagie su ejemplo, hay doblegar a Syriza para que aplique un programa contrario al que la mayoría del pueblo griego dio su apoyo y, con ello, hundirles en el desprestigio en que se quiere sumir la política en Europa para medro de los grandes poderes económicos, a los que en realidad les repugna una auténtica democracia. Se ve que, sin embargo, no les repugna abrir la puerta al nazismo.


martes, 14 de abril de 2015

REPUBLICA Y SOCIALISMO: EN RECUERDO DE LOLA GONZALEZ RUIZ




Lola y Enrique Ruano en la foto


El viernes 10 de abril se celebró en el Paraninfo de la Universidad Complutense, en la calle San Bernardo de Madrid, un acto cívico en recuerdo de Lola González Ruíz que falleció el 29 de enero pasado, dos días después del 38 aniversario de la masacre que pistoleros fascistas perpetraron en el despacho laboralista de la calle Atocha 55, también de Madrid. En aquel atentado murieron 5 compañeros de Lola, entre ellos su segundo gran amor, Javier Sauquillo, mientras  otros varios quedaron gravemente heridos, como la misma Lola.  El primero, Enrique Ruano, fue asesinado por la Brigada Político-Social  franquista en enero de 1969, mientras ella estaba detenida en las dependencias de la terrible Dirección General de Seguridad. En aquel entonces ambos eran estudiantes de Derecho.

El acto estuvo organizado por amigas y amigos de Lola y en el se habló de ella, pues su recuerdo concitaba la reunión, pero se hablaba de la forma más natural y espontánea, como si Lola hubiese estado allí, del enfrentamiento de jóvenes de aquella generación contra el fascismo y del caro precio que pagaron con encarcelamientos, torturas y muertes. Lola, como tantas otras personas,  fue una victima del terrorismo fascista, unas victimas que en estos años se han querido ocultar y a las que el PP todavía hoy niega reparación y justicia.

El advenimiento de las libertades que ahora tenemos,  en el intento de manipulación de la historia que se lleva acabo en los últimos años, se presenta como un producto de la voluntad generosa de Juan Carlos de Borbón ayudado por Adolfo Suarez. Otros miran la transición como una claudicación de las fuerzas de la izquierda que aceptaron por un plato de lentejas legitimar el orden actual en el que las élites económicas de siempre imponen sus intereses sobre la mayoría de la población. Ambas visiones olvidan que las libertades no fueron un regalo, sino que fueron arrancadas por las extraordinarias movilizaciones de trabajadores, estudiantes y otros muchos grupos sociales y profesionales que pagaron un duro tributo de sangre. También se olvida que al frente de esas movilizaciones estaban las organizaciones clandestinas de izquierda, en especial el Partido Comunista y las Comisiones Obreras. No fue una transición pacífica, como la matanza de Atocha atestigua para vergüenza de la derecha que hoy sigue enroscada en los resortes del poder y cuya arrogancia es la señal de la continuidad del pensamiento fascista que está en su médula. Baste recordar la repugnante sarta de mentiras del diario ABC con ocasión tanto del asesinato de Enrique Ruano como de los de Atocha y las mismas falsedades que hoy sigue esparciendo contra todo lo que pueda significar cuestionar a los poderosos de siempre. Tal vez la baja calidad democrática que sufrimos tenga mucho que ver con la estabilización de los años 80 del pasado siglo y la posterior sumisión de la socialdemocracia europea al orden neoliberal.


En el acto del viernes 10 tuvimos ocasión de escuchar unas palabras de Lola, leídas por voces amigas, en las que, a pesar de todos los sufrimientos y dificultades pasadas, se reafirmaba recientemente, al igual que estaba segura lo harían Enrique Ruano y Javier Sauquillo, en el socialismo y la libertad, pero no en el socialismo “oficial”. Hoy, 14 de abril, es un buen día para reivindicar, con el recuerdo y homenaje a aquellas personas que pagaron tan alto tributo por su lucha, un nuevo proceso constituyente en pos de una III República que signifique, no solo un cambio en la forma del Estado, sino una nueva forma de organizar los poderes económicos, sociales, políticos, sin olvidar los mediáticos, para la mejor realización de la igualdad, sin la cual no es posible la libertad y la fraternidad, sin la cual no son posibles ambas.


sábado, 28 de marzo de 2015

Nuestro homenaje a Pietro Ingrao



Pietro Ingrao cumple cien años el próximo día 30 de marzo. Imposible resumir en unas pocas líneas su trayectoria política en el Partido Comunista de Italia y en las formaciones que le han sucedido, se necesitaría un libro voluminoso; y sus aportaciones a la teoría política han ido incluso más allá de su talla de dirigente. Como homenaje al luchador y al maestro, los blogs hermanos En campo abierto, Desde mi cátedra, En Campo abierto,  Metiendo bulla, Punto y Contrapunto  y Según Baylos hemos creído oportuno volver a airear el discurso que pronunció en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona el 4 octubre de 2002, en la ceremonia en la que recibió la distinción de Doctor Honoris Causa de dicha institución académica.




11S: un amargo presente
Pietro Ingrao


Era el mes de julio de 1936. Había cumplido 21 años. Era estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad de Roma, en la plenitud de mi juventud. La agresión del gobierno fascista italiano a la joven República española fue el trauma, la ocasión desconcertante que me orientó (diré: me obligó) a la conspiración antifascista: a aquel empeño en la batalla política que después ha marcado toda mi existencia. Empezó para mí, en aquellos años, una confraternidad con el antifascismo español en el exilio, que se prolongó en el tiempo, y se acompañó con el encuentro de la fascinante poesía española del siglo XX: Machado, Lorca y Rafael Alberti.

En este largo camino de mi vida he esperado ardientemente que los horrores, las masacres, la pila de víctimas que han marcado la época que he vivido, fueran solamente un amargo recuerdo: casi como la culminación de una locura a la que nos llevaron el capitalismo en su fiebre de la época fordista y, por su parte, los errores fatales del estalinismo. Después me engañé cuando, tras la caída de la URSS, pensé que se podía abrir un espacio nuevo para frenar la carrera de armamentos. No fue así. Cuando cayó el Muro de Berlín en pedazos, vimos que volvía la guerra en una zona crucial del mundo: en la península arábiga, que es un punto de juntura entre Europa, Asia y África. Hoy la cuestión de la guerra ve otro capricho. Ante todo ha sido un turbio y ambiguo pasaje orientado a relegitimar la intervención de las armas en nombre de un deseo de justicia. Recordad: fue la grave acción militar de la OTAN en Serbia, justificada en nombre de la democracia y la liberación de los pueblos destrozados por el déspota Milosevic. Vinieron los sermones de la "guerra justa". Y alguno en Europa se lanzó incluso a evocar un término supremo y antiguo. Habló de "guerra santa".

En verdad, en aquella ocasión de los Balcanes también se lanzó y alimentó (al menos por parte de algunos autores) la esperanza y la imagen de una purificación de la guerra: como si, apartándose del fango del territorio y moviéndose en la pureza de las grandes alturas de la atmósfera, pudiese y se quisiera golpear solamente (con la sabiduría de las técnicas modernas) los medios militares del adversario. Es lo que he llamado la ilusión (o el engaño) de la "guerra celeste". Brotó (¿lo recordáis?) aquella consoladora representación del piloto americano atravesando las orillas atlánticas, allá en la calma solitaria de los cielos lanzó la bomba inteligente, volviendo a casa, a la patria americana, limpio de manchas.

¡Qué horror! Sin embargo, vino la guerra de Afganistán y el ataque del cielo se ha mezclado con la cancelación de la ciudad, con los estragos civiles, con la máquina de las armas, dirigiéndose a los altiplanos y a los pliegues de la tierra. Y, paso a paso, cayeron amargamente las justificaciones éticas, las representaciones salvíficas, los sermones moralizantes.

Verdaderamente hasta ahora no han sido cancelados los vínculos formales que, en muchas Constituciones europeas y en la Carta de las Naciones Unidas, limitan el recurso a las armas. Todavía siguen ahí tales vínculos, escritos en leyes solemnes. Simplemente sucede que se han descabalgado o, de hecho, hechos trizas. El artículo 11 de la Constitución de mi país, que consiente sólo la guerra de defensa, se ha roto, sin que sobre ello haya sorpresa, ni escándalo, ni siquiera una discusión en el Parlamento o algunas aclaración del Presidente de la República, que observa sobre tal violación un religioso silencio.

Y hay algo que me espanta todavía más. Es el hecho amargo que, en nuestros países, el sentido común no se alarma, no tiembla. Hay que decir esta amarga verdad. Ojead los libros, oíd las palabras de los gobernantes, echadle un vistazo a los debates parlamentarios. Veréis que ha desaparecido la palabra "desarme". Ya no la usa nadie. Es, en este sentido amplio y angustioso que yo hablo de "normalización de la guerra". Se ha liquidado el espanto, el horror que sobrecogió a mi generación, que en aquel mayo de 1945, nos hizo jurar que nunca más debería volver la masacre.

¡Cómo mentíamos! Mirad hoy, mirad cómo se discute ahora, en estos días, abiertamente de un ataque a Irak y se invoca la "guerra preventiva". Quien habla no es un político descerebrado o un gacetillero fanfarrón. Hoy lo propone al mundo, como obligación ineludible y urgente, el Presidente de los EE.UU., el jefe de la potencia más grande de la Tierra. Y eso sucede sin escándalo. No se reúnen con angustia los parlamentos. No suenan las campanas de las iglesias, Los sindicatos no convocan huelgas. Atención: se ha convertido en normal la "guerra de prevención", invocada por el país que se considera el guía del mundo.

¿En qué se funda esta revalorización y normalización de la guerra, y, por qué el pacifismo tiene hoy una restringida minoría?

Quiero, solamente, aludir a una explicación que, por comodidad y brevedad, llamaré "técnica". La verdad es que no entra en mis conocimientos la criba de las grandes innovaciones tecnológicas y de los nuevos saberes que han dilatado y revolucionado los sistemas de alarma, la trama de los conflictos, la combinación de las estrategias entre tierra, mar y aire. Sin embargo, tengo "in mente" los fuertes cambios acaecidos en la relación políticosocial entre la vida del hombre sencillo y las masas de civiles, de un lado, y, de otra parte, en lo que se ha convertido la guerra en este cambio de siglo.

Me parece indudable que, en los últimos decenios, se está desarrollando (¿o retornando?) la connotación "especializada" de la práctica de la guerra. Parece que ha desaparecido o empalidecido aquella connotación totalizante que viene clamorosamente desde principios del "Novecento": aquel camino que, a partir del conflicto mundial de 1914, vio alinearse a millones de hombres en los frentes de varios continentes. Durante años y años, y en una condición humana radicalmente diversa del vivir civil: aquella guerra de masas en el fango de las trincheras que pronto fue dilatándose hasta atrapar al conjunto de las naciones, las ciudades lejanísimas del frente, la vida de los desarmados, las mujeres y los niños. En suma, la guerra de masas. La guerra mundial como la llamábamos.

Hoy las obligaciones prevalentes, el núcleo central de la acción bélica parecen nuevamente confiados a los soldados de oficio: a ciudadanos y ciudadanas que aceptan (o incluso piden) ser llamados a practicar la ciencia de la guerra, con sus tecnologías refinadas y sus riesgos de muerte. El matar colectivo, en nombre del poder público, vuelve a ser una tarea noble y ambicionada, bajo el aspecto de las retribuciones, del rango social y del reconocimiento público. Y la existencia de estos cuerpos especializados en el matar, en nombre de la comunidad pública, aparece como una nueva división de responsabilidades que permite a los civiles garantías de protección y sabiduría especializada para dedicarse (digámoslo de ese modo) serenamente al objetivo de la paz. Así, el soldado Ryan (¿recordáis la famosa película?) puede quedarse tranquilamente en su ciudad, ya que un adecuado "ejército de oficio" echa sobre sus espaldas el cruento y "nuevamente" noble oficio de la guerra.

De ahí que se podría pensar que esta revalorización de las armas y su relanzamiento como nervio y recurso central de la política se apoyen sobre operaciones de desagravio de masas de civiles y sobre eso de la lejanía (de su horizonte) del peligro a una vuelta de las pruebas terribles vividas en dos trágicas guerras mundiales (y aún, otra más). Y se puede pensar que Bin Laden y la feroz masacre de las Torres Gemelas (intencionadamente y con una espectacular audacia) han querido e intentado volver a lanzar al horno de la guerra de masas a "los civiles" del enemigo americano para sembrar en su ánimo nuevamente el espanto de la guerra, el miedo de masas de las masacres de masas. ¿Fue ese el feroz reto? No lo sé. Sé que los terribles acontecimientos a los que me he referido y el hecho de que nosotros queramos atrapar los acontecimientos reabren ásperas preguntas sobre el sentido y las formas que asume la política cuando se abre el Tercer Milenio y en la época de la globalización: un momento en que el capitalismo (desagregados a escala planetaria los momentos del producir y del consumir) vuelve a desorientar y dividir las nuevas subjetividades sociales que, en el curso del trágico "Novecento" habían puesto en discusión sus poderes y parámetros. Sin embargo, para sorpresa de muchos, de esta victoria no brotan ni la primavera del Tercer Milenio ni la calma de una estación segura de sus reglas íntimas. Retorna también sobre el trono, con arrogancia (y con una duda interior) la ciencia del matar; y vuelve, además, incluso sobre aquel vértice del mundo occidental donde (tras la trágica derrota de los "rojos") parecía que florecería una calma sabiduría irrefutable.

Entonces, en aquel 1936, el fragor de las armas sobre vuestra tierra y la masacre de Guernica cambiaron mi existencia, metiéndome dentro del conflicto. No pensaba, nunca lo habría pensado que habiendo tenido la fortuna de vivir casi un siglo, habría tenido finalmente que volver a la pregunta elemental sobre el derecho y sobre la forma del matar colectivo a nuestros semejantes; y que ese arte viniera hoy presentado, incluso, como instrumento de "educación" del mundo, de sabia "prevención".


Intervención de Pietro Ingrao en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona en su nombramiento como doctor Honoris causa el 4 de octubre de 2002



La traducción del italiano es de José Luis López Bulla.




miércoles, 4 de marzo de 2015

Con Luis García Montero

Joaquín Aparicio Tovar

Hace un año era poco pensable que podríamos estar tocando con nuestras manos en este año electoral un cambio en el panorama político y social. Que ese cambio se llegue a producir está por ver. Los vicios de una vieja politiquería, que tanto daño han hecho a una venerable organización como Izquierda Unida, presente en todas las luchas sociales de estos funestos años, no se destierran de un día para otro, como estamos viendo en la Comunidad de Madrid.

Pero el anhelo de verdadero cambio ha prendido en una gran parte de la ciudadanía y trae, a pesar de los pesares, una fresca brisa de esperanza. Las cosas, en efecto, no están hoy igual que hace un año. Sin duda hay muchas personas de gran honestidad que con su esfuerzo están empeñadas en la recuperación de los derechos expoliados, trabajando por la construcción de un mundo en el que el estado de derecho, la igualdad, la fraternidad dejen se ser palabras corrompidas sin otro contenido que el de armas arrojadizas para reprimir a aquellos que, precisamente, las reivindican en su recto sentido. Luís García Montero es una de esas personas que merece ser destacada por haber dado el paso de aceptar su candidatura a la presidencia de la Comunidad de Madrid en medio de las turbulencias de Izquierda Unida. No debe haber sido cómodo tomar esa decisión que muchos entendemos llena de generosidad. Con sus intervenciones regulares en medios de comunicación, con sus ensayos y su poesía desde hace tiempo viene luchando por un espacio público en el que los ciudadanos tengan en sus manos su propio destino en “un tiempo de barbarie naturalizada” en el que quienes “procuran cumplir con las leyes de la razón son vistos como extraños”. Frente a las segregadoras e insultantes desigualdades, el aumento de los privilegios y el embrutecimiento colectivo ha dado el paso de entrar en la confrontación de la arena política para hacer valer, también por ese medio, el respeto que merecemos “por aquello que compartimos con todos los demás, no por aquello que nos diferencia ¿sabe usted con quién está hablando? Con un simple ciudadano”[1].



[1] Las frases entrecomilladas están tomadas de su libro Inquietudes bárbaras, Anagrama, Barcelona, 2008. 

jueves, 26 de febrero de 2015

LO QUE NO VALE PARA ALEMANIA TAMPOCO VALE PARA GRECIA. ESTÁ EN JUEGO LA DEMOCRACIA

Las respuestas a la crisis de 2008 no discurrieron por la exigencia de responsabilidades a los causantes de la misma y por medidas que, analizadas sus causas, las eliminaran.  Altas autoridades del Banco de España, por ejemplo, vinieron a decir que la búsqueda de responsables estaba fuera de lugar. Impunes de sus fechorías la oligarquía financiera transnacional ha pasado al ataque para configurar un mundo en el que su poder económico aumenta, el valor del trabajo se degrada cada vez más y la mayoría de los ciudadanos, en consecuencia, se empobrece y tiene menos derechos. Es decir, se está degradando la democracia que tantas luchas y esfuerzos ha costado. Una auténtica regresión histórica que obliga, de nuevo, a la acción, a la lucha de los de abajo (la inmensa mayoría) contra los de arriba, dado que estos han sido los que con saña han empezado ahora tan brutal la agresión.  El pueblo griego ya ha empezado y ha puesto al descubierto el profundo autoritarismo de la Comisión Europea y de los dirigentes de los Estados de la moneda única, liderados por los de Alemania.

W. Schäuble, el ministro de Finanzas de Alemania, no para de proferir insultos y amenazas al nuevo gobierno griego, al que ha tildado de irresponsable, pero se encuentra en un atolladero. El pueblo griego ha dado un mandato al Gobierno de Syriza para que corrija las desastrosas políticas que, impuestas por la troika, han empobrecido Grecia. Es decir, el titular de la soberanía ha dado un mandado muy claro a sus representantes políticos y ante él están respondiendo. Nada pues de irresponsabilidad. Frente a este incuestionable hecho Schäuble, aunque no lo explicita, no puede evitar reconocer que las elecciones son una de las maneras de expresión de la democracia cuyos resultados no se pueden ignorar, como pretende. Frente a tan incontestable hecho, y para neutralizar su potencia, ha afirmado que también deben respetarse otras elecciones que se han hecho en los distintos países de la Unión monetaria y, por lo tanto, el Gobierno griego debe seguir con las “reformas”. Conviene destacar por su crueldad algunas de ellas como son la privatización de todo lo que queda de público como ferrocarriles, aeropuertos, edificios públicos, hospitales, etc…Como ha dicho Lettieri,  todo “un programa de rapiña en beneficio de las oligarquías privadas griegas e internacionales, como sucedió en los países de la vieja economía comunista tras el colapso de la Unión Soviética”, y, en segundo lugar, desregular las relaciones laborales dando más poder al empresario acabando con la negociación colectiva sectorial, facilitar el despido libre, bajadas de salarios…Todo esto nos suena mucho a los españoles. Pero la máxima crueldad se aprecia cuando piden que se revisen o eliminen las medidas sociales de choque contra la pobreza en la que más de un 30 por ciento de la población ha caído, como la subida del salario mínimo, los comedores escolares gratuitos, las ayudas para pagar la electricidad en los hogares sin recursos, la recuperación de la asistencia sanitaria para los excluidos de ella, la recuperación de pagas extra de las pensiones eliminadas con anterioridad. En resumen, la Comisión Europea y el eurogrupo están tratando de imponer  el desmantelamiento del Estado social reconocido en la Constitución griega y  para ello apelan a que Grecia está en una Unión con otros socios cuyas reglas debe respetar. Pues bien, el halcón Schäuble debería recordar lo que su propio Tribunal Federal Constitucional dejó claro en su sentencia de 30 de junio de 2009, en la que revisó la compatibilidad con su Constitución de la ley por la que Alemania ratificó el Tratado de Lisboa.

En aquella sentencia el Tribunal venía a decir que mientras no exista un pueblo europeo titular de la soberanía de una hipotética Federación Europea, ésta reside en cada uno de los pueblos organizados en los Estados miembros y por ello, la integración europea, construida mediante la atribución de competencias soberanas de los Estados, no puede realizarse de manera tal que impida a éstos retener las facultades suficientes para la formación política de las circunstancias sociales, culturales y económicas de la vida. La Unión Europea no puede deteriorar el sistema jurídico democrático de Alemania alterando las estructuras esenciales de sus sistema constitucional como son las establecidas en el art. 1 de la Constitución, que reconoce la protección de la dignidad humana y la vinculación del poder a los derechos fundamentales y en el 20, que declara que Alemania es un estado federal, democrático y social en el que el poder emana del pueblo y,  “contra cualquiera que intente eliminar este orden todos los alemanes tienen derecho de resistencia cuando no fuera posible otro recurso”. Son los pueblos de los Estados miembros los poseedores del poder constituyente y la Constitución alemana no permite que ninguno de los poderes del Estado disponga de los elementos esenciales de la misma. El Tribunal Federal Constitucional vigilará que tampoco la Unión Europea transgreda la identidad constitucional, que está protegida por una “garantía de eternidad” (incluso frente al legislativo nacional) en tanto el constituyente no diga otra cosa, hay que entender.

En una línea parecida se pronunció el Tribunal Constitucional español en la Declaración 1/2004 al establecer que en la atribución de competencias a la UE hay “límites materiales, no recogidos expresamente en el precepto constitucional, pero que implícitamente se derivan de la Constitución y del sentido esencial del propio precepto, se traducen en el respeto de la soberanía del Estado, de nuestras estructuras constitucionales básicas y del sistema valores y principios fundamentales consagrados en nuestra Constitución, en el que los derechos fundamentales adquieren sustantividad propia (art. 10.1 CE)”.  La consecuencia es clara, lo que no vale para Alemania (ni como se ve para España) no vale tampoco para Grecia, cuyos poderes públicos están obligados a respetar la dignidad de la persona que resulta del respeto de los derechos fundamentales y el Estado Social y Democrático de Derecho, de lo que no pueden abdicar por mucho que se lo pidan poderes de la Unión Europea, poderes que, sin duda, están actuando “ultra vires”. De la actuación bochornosa de nuestro Gobierno mejor guardar prudente silencio, la educación lo pide, como máximo habría que decir que el servilismo nunca ha dado buenos resultados.


Para hacer ver estas cosas ¿No sería hora de plantearse la convocatoria de manifestaciones ante las embajadas Alemanas en toda Europa para salvar a los trabajadores alemanes y europeos de la rapacidad de los poderes financieros?